El número no da para la foto: 8,67 billones de pesos es el gasto que el gobierno de Entre Ríos proyecta para 2027. No es un dato menor, porque encima se lo presenta como el camino para salir de la deriva.
El proyecto de ley, presentado ante la Legislatura por el ministro de Economía y Finanzas, Fabián Boleas, marca un crecimiento aproximado del 23,8% frente a 2026. El gasto corriente sube 20%, y la inversión de capital aumenta más del 77%, pasando del 7,4% al 10,7% del presupuesto general.
En prioridades, el 57,3% de los recursos va a Educación, Cultura, Deporte, Salud, Desarrollo Humano y Seguridad. Dentro del gasto, las jubilaciones llevan el 18,7%, Educación el 16,2%, Salud el 9,7% y Seguridad el 7,2%.
El dato que no se puede esconder es la financiación: ¿sabés de dónde sale la plata? El Estado Nacional aporta el 56% vía coparticipación, el gobierno provincial pone el 18% con recursos propios y el resto se cubre con más deuda. Ahí aparece el punto político: si la economía no acompaña, la deuda vuelve a ser el plan.
La hipótesis de inflación interanual de diciembre del 18,0% es el otro punto frágil. En un año electoral, los números se tiñen de política, y el presupuesto termina ajustado a las metas del gobierno nacional. Si no se cumplen, el salvavidas ya está escrito: “no fue culpa nuestra”.
El proyecto también repite la estructura clásica de los presupuestos: se pregunta cuánto se gasta, de dónde sale la plata y si los parámetros de la economía se sostienen. Los tres capítulos, en la práctica, son un ejercicio de fe: se aprueban, se ejecutan y después se explican las diferencias.
Lo que falta, y lo que enciende la bronca, es el plan estratégico. El documento habla de prioridades, de inversión y de financiamiento, pero no de una estrategia de desarrollo clara para la provincia. Sin plan, el presupuesto se vuelve un listado de partidas, no una hoja de ruta.
El año electoral agrega otra capa: los números se mueven, los ingresos se prometen y los “milagros económicos” aparecen cuando conviene. El presupuesto, entonces, no solo financia políticas, también ordena la adhesión electoral. Ahí se juega la credibilidad de todo el esquema.
La pregunta que queda en el aire no es solo técnica: ¿2027 va a ser otro año de números o un año de decisiones? Si la deuda vuelve a ser el único plan, la provincia sigue a la deriva, con el gasto crecido y sin una estrategia que le dé sentido al esfuerzo fiscal.


