El sumario por los comedores escolares de Concordia llegó a su cierre: el Gobierno de Entre Ríos terminó la investigación administrativa.
Ahí queda el dato duro: 37 comedores quedaron en el centro del sumario y la figura que aparece con más peso es la de Silvina Murúa, que conserva 22 horas cátedra en el CGE.
No es un detalle menor. Cuando un sumario administrativo cierra, la pregunta no se apaga: ¿qué pasa ahora con la responsabilidad? En este caso, el dato disponible indica que Murúa podría afrontar sanciones disciplinarias, pero todavía no está dicho que esa sanción sea firme ni cuál será su alcance.
Y acá entra el punto más incómodo: una docente con 22 horas cátedra en el CGE no es una figura al margen del sistema. Si el sumario la involucra en irregularidades de comedores, el Estado no puede quedarse mirando, y vos tampoco podés pedirle que cierre los ojos.
El comedor escolar no es un lugar cualquiera. Es donde el niño come, donde la familia deja a su hijo y donde el Estado tiene que dar cuenta de lo que pasa. Por eso, cuando se habla de irregularidades en 37 comedores, la bronca vecinal tiene sentido: no es solo un número, es una mesa, una olla, un plato y una responsabilidad.
¿Y qué falta para que esto no quede en el aire? Que se sepa con claridad qué se comprobó, qué se descargó y qué sanción corresponde. Porque en materia de comedores escolares la transparencia no es un adorno: es la mínima exigencia. Si Silvina Murúa tiene que responder, que responda; si no, que quede claro por qué.
El cierre del sumario deja la pelota en el terreno de las sanciones disciplinarias. Por ahora, el dato concreto es que el Gobierno de Entre Ríos terminó la investigación por las irregularidades en 37 comedores escolares de Concordia y que Silvina Murúa conserva 22 horas cátedra en el CGE.
Tampoco conviene confundir el cierre del sumario con una sentencia. El sumario administrativo es un paso; la sanción disciplinaria es otro. Mientras tanto, la comunidad educativa de Concordia tiene derecho a entender qué pasó, quiénes están involucrados y qué consecuencias trae para el servicio. Si hay responsabilidad, que se aplique; si no, que se diga.
La pelota no puede volver a perderse. En comedores escolares, cada demora se paga con hambre, con desconfianza y con la sensación de que el Estado llega tarde. Por eso, el cierre del sumario no debería ser el final de la historia: debería ser el punto de partida para una respuesta clara, seria y verificable.


