El mundo despertó este miércoles con una señal de alarma en los mercados: el petróleo volvió a cruzar la barrera de los 100 dólares por barril, un umbral que no se veía desde julio y que refleja, con toda crudeza, el estado de una guerra que ya lleva más de seis meses sin señales reales de tregua.
El crudo Brent, referente internacional, trepó casi un 3% hasta los 100,72 dólares por barril en las primeras horas del miércoles. El WTI estadounidense subió un 2,4% y se ubicó en 95,25 dólares. No son números abstractos: del otro lado de esas cifras hay aerolíneas que recortan vuelos, camioneros que pagan más por el gasoil y consumidores que sienten el golpe en el surtidor.
El detonante inmediato fue doble. El ejército de Estados Unidos informó que atacó cinco petroleros iraníes en respuesta a intentos de ataques con misiles contra un buque de guerra de la Marina. Al mismo tiempo, los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, provocaron incendios en instalaciones petroleras de Arabia Saudita, complicando además una ruta alternativa que el reino usaba para sortear el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Ormuz es el nudo gordiano de este conflicto. Antes de que comenzara la guerra, por esa vía fluvial pasaba una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Hoy, los combates han detenido la mayor parte del transporte marítimo en la zona. Las negociaciones entre Washington y Teherán para reabrir el paso se rompieron porque Irán exige el derecho a cobrar tarifas a los barcos que transiten frente a su costa, mientras Estados Unidos mantiene un bloqueo naval y rechaza cualquier condición.
Los analistas de Bank of America fueron directos en una nota del martes: alcanzar un acuerdo duradero antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos “es cada vez más improbable”. El banco elevó su pronóstico para la segunda mitad del año a 83 dólares por barril como escenario base, pero advirtió que si los ataques persisten los precios podrían escalar a un rango de 95 a 120 dólares, y que daños a infraestructura energética clave podrían generar picos de hasta 150 dólares por barril.
En Estados Unidos, el impacto ya se siente en el bolsillo cotidiano. El precio promedio de un galón de gasolina regular subió 7 centavos en una sola noche hasta los 4,22 dólares, más de un dólar por encima de lo que costaba en el mismo período del año anterior. El diésel, que impacta de forma directa en el transporte y la producción industrial, alcanzó un máximo histórico y cerró en 5,94 dólares por galón. El combustible de aviación, por su parte, se encareció tanto que varias aerolíneas ya recortaron rutas y aumentaron tarifas.
La economía global enfrenta así una presión energética que no cede. Cada escalada militar en el golfo Pérsico se traduce, con pocas horas de diferencia, en costos más altos para empresas, gobiernos y familias en todo el planeta. Mientras las negociaciones permanecen trabadas y los ataques se intensifican, el precio del crudo seguirá siendo el termómetro más inmediato de una crisis que está lejos de resolverse.


