No hubo modo de disimularlo. Mientras adentro del Teatro Odeón se preparaba la Gala de Honor por el 9 de Julio, afuera la calle hablaba con bombos, banderas y cánticos que no dejaban lugar a dudas: el conflicto por los despidos municipales llegó hasta la puerta del principal acto patrio de la gestión.
La protesta arrancó minutos antes del inicio de la velada oficial y fue creciendo con la llegada de dirigentes sindicales, trabajadores municipales y militantes de distintas organizaciones. El blanco de los reclamos fue uno solo: el intendente Francisco Azcué y la decisión de su administración de disponer más de 100 despidos la semana pasada.
La concentración obligó a la Policía a desplegar un operativo de seguridad y montar un cordón sobre el acceso al teatro para garantizar el ingreso del intendente, los miembros de su gabinete y los invitados a la ceremonia. La imagen fue elocuente: por un lado, el protocolo oficial; por el otro, la bronca organizada de quienes perdieron su trabajo.
Que una protesta de esta magnitud irrumpa en la antesala de un acto patrio no es un dato menor. Es la señal de que el conflicto por los despidos en el municipio de Concordia escala en intensidad y visibilidad, y que los afectados no están dispuestos a esperar en silencio. La Gala del 9 de Julio transcurrió, entonces, bajo un clima de tensión que difícilmente pase inadvertido para nadie.


