miércoles, octubre 28, 2026
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Frigerio y la Fecier: el pulso por la citricultura en Chajarí

La citricultura volvió a instalarse en la agenda provincial desde Chajarí, con Frigerio recibiendo a dirigentes de la Fecier y recorriendo una empaquetadora. El gesto no es menor: el sector necesita señales claras, y la provincia no puede seguir mirando de lejos una actividad que pesa en el empleo y en el comercio exterior.

En el encuentro, el titular de la cartera productiva, Bernaudo, subrayó que el Estado viene trabajando desde el primer momento en la legislación laboral del sector citrícola. También repasó la «agenda permanente» del rubro: el nuevo documento de tránsito, la aplicación de fitosanitarios y el control sanitario. Ahí está el punto: mirá, no alcanza con hablar de exportaciones si la planta no tiene reglas claras.

El presidente de la Fecier, Molo, fue directo: el sector quiere diálogo institucional y continuidad en la conversación. Dijo que «tenemos las puertas abiertas con el gobierno de la provincia» y que se sigue trabajando «muy de cerca» en temas laborales. La promesa es dar seguimiento en los próximos días, mano a mano, a los temas prioritarios.

Después de la reunión, Frigerio recorrió FAMA Importaciones y Exportaciones, donde lo recibió Gustavo Piloni, uno de los socios. La empresa lleva 42 años trabajando y exportando desde Entre Ríos, con producción de Corrientes que se canaliza por la planta empacadora. Es el tipo de historia que explica por qué la citricultura no es solo un tema de exportación: es logística, empleo y mercado.

Piloni valoró la visita y destacó «la participación del gobernador en la actividad privada y la citricultura, que es una actividad muy importante en la provincia de Entre Ríos». También mencionó el apoyo del gobierno provincial en gestiones para la apertura de mercados, como el de Estados Unidos, y en temas laborales y fiscales. Acá se ve el tamaño del problema: si el mercado se abre, la planta tiene que estar lista.

El dato no es menor: la citricultura mueve empleo, exportaciones y expectativas en varias localidades. Si el Estado no acompaña con reglas claras, el sector termina pagando la cuenta. Y si el diálogo se corta, el problema no desaparece: se traslada a los productores, a las plantas y a los mercados que dependen de la fruta.

La cita de Chajarí deja una señal: la provincia quiere estar cerca de la Fecier y de las empresas que exportan. Ahora viene la parte más dura: convertir la reunión en medidas concretas, no en una charla más. Porque en la citricultura, la palabra pesa, pero lo que sostiene el empleo es el trabajo.

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