La muerte de Miguel Godoy dejó una herida honda en Concordia: un hombre de 70 años falleció este lunes tras las graves lesiones que sufrió durante un robo en su vivienda del barrio José Hernández. La cifra pesa, pero lo que pesa más es la manera en que la violencia entró al lugar donde una persona debería sentirse segura: su casa. No es un dato menor, es el corazón de la bronca.
El asalto no quedó en un golpe: terminó en una internación que no pudo sostener la vida de Godoy. La Fiscalía ordenó una autopsia para establecer con precisión qué pasó, y la situación judicial de los dos imputados podría agravarse. Ahí está el punto: la justicia debe determinar el alcance de la responsabilidad, pero la ciudad ya pagó el precio más alto que puede pagar una familia.
Cuando un robo termina en muerte, la pregunta incómoda vuelve a la mesa: ¿qué pasó para que la violencia escalara hasta ese punto? No se trata de buscar culpables con la boca llena, sino de entender por qué un vecino de 70 años fue agredido en su propio hogar. La respuesta no puede ser solo la detención, aunque sea un paso necesario; también tiene que estar el análisis de fondo.
La autopsia va a ordenar la causa, pero la sociedad también necesita ordenar sus prioridades. Un asalto en el barrio José Hernández no es un hecho aislado que se resuelve con una nota: es una alarma que se repite cuando la inseguridad se instala en la vida cotidiana. Detener a los responsables es lo primero; después, la ciudad tiene que discutir con seriedad cómo evitar que otro vecino pague con la vida.
Hay algo que duele: que la vejez, que debería ser un tiempo de descanso, se convierta en un escenario de riesgo. Un hombre de 70 años no eligió ser atacado en su casa; la violencia lo encontró en el lugar más íntimo. Esa imagen explica por qué la bronca no se apaga con una detención, sino que se transforma en una exigencia: que la justicia no se quede a medio camino.
La muerte de Miguel Godoy no puede pasar como una línea más en el registro policial. En Concordia, cada víctima deja un nombre, una familia y una deuda pendiente con la justicia. La Fiscalía ordenó la autopsia, hay dos detenidos y la comunidad espera que la causa avance con firmeza. Lo mínimo, lo básico, es que un robo no vuelva a terminar en una funeraria.


