El agua volvió a mostrar un color que nadie quiere ver. Entre el viernes 23 y el sábado 24 de octubre, vecinos registraron una nueva coloración rojiza en el arroyo Espinillo, y las imágenes reabrieron el debate por el estado ambiental de la zona.
La escena no es nueva. El 1 de octubre, la Red Cuenca Las Conchas ya había advertido sobre un fenómeno similar en los arroyos Espinillo y Crespo. Durante una recorrida, la organización señaló el sector cercano a las piletas de tratamiento de Crespo y alertó sobre posibles problemas vinculados con los efluentes del Parque Industrial.
Las fotos circularon en redes sociales y volvieron a poner el tema en la agenda vecinal. No es un detalle menor: cuando un curso de agua cambia de color, la comunidad pregunta qué pasó, quién lo vio y qué análisis confirman la sospecha.
El antecedente pesa. En años anteriores se registraron episodios con coloraciones similares y se plantearon sospechas sobre posibles desbordes de los sistemas de tratamiento. Las lluvias intensas pueden favorecer esos rebalses, aunque determinar si hubo descargas contaminantes en cada caso requiere pruebas específicas.
El dato geográfico amplía la preocupación. El arroyo Espinillo integra la cuenca del arroyo Las Conchas, que desemboca en el río Paraná. Por eso, lo que ocurre en estos cursos de agua no se queda en un hecho puntual: forma parte del estado ambiental de toda la cuenca.
Acá no alcanza con decir agua roja y cerrar la nota. La cuenca Las Conchas conecta con el río Paraná, por eso cualquier alteración en un arroyo menor puede terminar siendo un termómetro del cuidado ambiental.
El problema es que la explicación biológica no es una varita mágica. Puede ayudar a entender un tono rojizo, pero no resuelve la pregunta incómoda: ¿qué hay detrás de cada episodio?. sin muestras, sin análisis y sin seguimiento, la sospecha se queda flotando en el agua.
Hay una explicación que ya se barajó. En ocasiones anteriores, el área ambiental mencionó la presencia de bacterias fototróficas del azufre como posible causa. Estos microorganismos pueden multiplicarse bajo determinadas condiciones y generar tonalidades rojizas cuando encuentran suficiente materia orgánica y nutrientes.
Lo que falta es certeza. Después del episodio de principios de octubre, la Secretaría de Ambiente de Entre Ríos realizó recorridas y tomó muestras de agua para investigar el origen. Esa hipótesis no alcanza para explicar este nuevo episodio ni para descartar otras causas, y por ahora resta conocer los resultados de los análisis.


