En Brasil, la historia se volvió del revés. Lula da Silva ganó el balotaje, revirtió la ventaja de Flávio Bolsonaro y se encaminó a un cuarto mandato presidencial que nadie había alcanzado en el país.
Con el 99,79% de las mesas escrutadas, el líder del Partido de los Trabajadores reunía más de 64 millones de votos, mientras su rival superaba los 59 millones. La diferencia dejó atrás la ventaja que el candidato del Partido Liberal había conseguido en la primera vuelta.
El dato no es menor: Lula obtuvo el 51,76% de los votos, frente al 48,24% de Flávio Bolsonaro. En la instancia inicial, el senador había quedado arriba, con el 47%, contra el 45,1% del mandatario saliente.
Desde el retorno de las elecciones presidenciales directas en 1989, el candidato que encabezó la primera vuelta siempre llegó al Palacio de Planalto. Hasta esta elección, cuando la remontada de Lula rompió esa costumbre.
El presidente participó en su séptima elección presidencial y llegó a la segunda vuelta con la confianza de que su experiencia podía modificar el resultado. En la noche del 4 de octubre, después de perder la primera vuelta, reconoció que le había sorprendido el resultado, pero se mostró confiado en darlo vuelta. Y acá la lectura es clara: la remontada no fue un milagro, fue movilización.
Rápidamente movilizó a sus bases e impulsó un paquete de medidas sociales para acortar distancias. Su agenda estuvo centrada en los derechos sociales, la inversión pública, la seguridad basada en inteligencia y el control de la deforestación amazónica. Además, presentó la elección como una defensa de la democracia frente al posible regreso de la familia Bolsonaro al poder.
En la votación en el estado de San Pablo, el mandatario había dicho que el candidato del Partido Liberal quería gobernar con la bandera estadounidense, y anticipó que los brasileños elegirían un país donde los colores nacionales sean respetados. La izquierda movilizó a sus simpatizantes en actos bajo la consigna Nunca más Bolsonaro.
Los manifestantes cuestionaron la gestión de la pandemia de covid, que dejó 700.000 muertos, y los recortes a programas públicos durante el mandato del ex presidente. Seguidores de Lula afirman que su victoria preservará las políticas sociales y ambientales de su gobierno, mientras Flávio Bolsonaro había prometido cambios en un escenario atravesado por el aumento del costo de vida y la inseguridad.
La derrota de Flávio Bolsonaro representa un revés electoral para el espacio político que buscaba recuperar el poder nacional. Su candidatura procuraba dar continuidad al movimiento encabezado por su padre, Jair Bolsonaro, condenado por su participación en una trama golpista.
La elección volvió a exponer la división política de Brasil, donde dos proyectos enfrentados disputaron el respaldo de millones de votantes. El resultado confirma la capacidad de Lula para conservar una amplia base electoral, pese a la fuerte oposición que enfrenta.
La continuidad de Lula al frente de Brasil tiene relevancia para América Latina por el peso económico y político del país. También por las diferencias entre los gobiernos de la región en materia económica, social y de relaciones internacionales. Con este triunfo, el dirigente del Partido de los Trabajadores consolida su lugar entre los principales referentes de la izquierda latinoamericana.


