El campo volvió a estar en la foto, pero con una advertencia que vos no podés tragar. Coninagro distinguió a Gonzalo Álvarez Maldonado, de la cooperativa La Ganadera, por su extensa trayectoria en el cooperativismo agropecuario.
El reconocimiento no cayó solo sobre una persona. Álvarez Maldonado lo presentó como un homenaje colectivo y recordó a Edelmiro Oertlin, Edgardo Barzola, Daniel Kindebaluc, Edgardo Schneider, Enrique Funes y Ronald Garnier. Detrás de cada nombre hay años de trabajo, de asambleas y de decisiones tomadas en la producción.
Para el dirigente, la distinción es también una reivindicación histórica. Puso de relieve el lugar de Entre Ríos en la construcción del movimiento cooperativo y subrayó que Fedeco fue fundadora de Coninagro hace 70 años.
Álvarez Maldonado repasó su recorrido sin perder el eje: empezó en el cooperativismo de base, siguió en Fedeco y llegó a la conducción nacional de Coninagro. Para él, esa trayectoria fue un abanico de posibilidades, con logros y fracasos propios de la dirigencia agropecuaria.
En esa misma línea, sostuvo que Coninagro es una entidad viva y que representa a los productores a través de sus cooperativas y sus federaciones. Esa estructura territorial, dijo, le da peso a la Confederación y explica su capacidad de representación.
«Es un regocijo el reconocimiento que Coninagro hizo a tantos años dedicados al sector cooperativo», expresó. Y remarcó un dato que no es menor: el primer presidente de Coninagro fue un entrerriano. Eso no es anécdota: es memoria viva de una provincia que ayudó a construir la Confederación.
El dirigente también leyó la coyuntura con ojo de productor. Reconoció que el sector agropecuario recuperó reconocimiento social y que las exportaciones, sobre todo de cereales y carne, pusieron al campo en el centro de la economía por el ingreso de divisas.
También amplió la mirada más allá del agro. Señaló que Argentina tiene un futuro promisorio en minería, tierras raras, petróleo y gas. Pero esa promesa no borra el problema de fondo: si no hay rentabilidad, el productor termina extremando cada decisión.
«Hay buenos precios, pero en el sector agropecuario hay que decírselo a los gobiernos municipales, provinciales y nacionales: no hay rentabilidad», advirtió. Y sumó los problemas que pesan sobre los pequeños y medianos productores: falta de crédito y presión impositiva.
La advertencia es clara: el precio internacional no alcanza si adentro la rentabilidad no llega. En ese escenario, cada decisión se toma con cuidado, porque la situación obliga a extremar cuidados. Y si el campo vuelve a ser protagonista, la pregunta es simple: ¿vos creés que el productor puede seguir produciendo sin rentabilidad?


