Mientras el Gobierno de Javier Milei ya presentó su Presupuesto 2027 con un dólar de $1.847 y un crecimiento del 4%, el sector privado mira el mismo horizonte con más cautela y con números distintos. La brecha no es menor: habla de expectativas que divergen en puntos clave y que condicionan decisiones reales de inversión, producción y empleo.
Según un informe de ABECEB, consultora especializada en economía, análisis sectorial y geopolítica, la mayoría de las empresas privadas proyecta una cotización del dólar de entre $1.900 y $1.950 para finales de 2027, con una expansión económica cercana al 2,6%. La consultora está presidida por Mariana Camino y cuenta en su equipo con Dante Sica, economista y exministro de Producción y Trabajo.
En materia de precios, la diferencia con el escenario oficial es más acotada: ABECEB proyecta una inflación del 19%, apenas un punto por encima del 18% incluido en el Presupuesto Nacional. Pero en crecimiento, el contraste es más notorio: 2,6% privado versus 4% oficial, una distancia que no es cosmética cuando se trata de planificar ventas, costos y financiamiento.
El informe también incorpora otras variables para el año próximo: una mejora del 2,9% en el consumo, una recuperación del salario real cercana al 3%, un crecimiento de las exportaciones del 5% y una suba del 5,6% en las importaciones. Para el cierre de 2026, la consultora estima un dólar en torno a los $1.594, cifra cercana a la mediana de $1.630 que prevé el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central para diciembre.
El factor que atraviesa todas estas proyecciones es político: las elecciones presidenciales de octubre de 2027. El documento advierte que las compañías esperan una mayor demanda de cobertura cambiaria y posibles episodios de volatilidad financiera a medida que se acerque el proceso electoral. Sin embargo, el escenario base no contempla una ruptura del programa económico, sino la continuidad de la orientación fiscal, monetaria y cambiaria.
Mariana Camino sostuvo que “para las firmas, la consolidación política posterior a 2027 permitirá extender el ciclo de estabilización y, sobre todo, acelerar una segunda fase de reformas estructurales enfocadas en materia tributaria, previsional y de normalización regulatoria”. La ejecutiva también vinculó esa etapa con la productividad, la competitividad y el impacto de la inteligencia artificial en la planificación empresaria.
En definitiva, el sector privado no desconfía del rumbo general, pero sí le pone un techo más bajo al crecimiento y un piso más alto al dólar. Esa diferencia, que puede parecer técnica, tiene consecuencias concretas: cada empresa que planifica con esos números está apostando a un 2027 más moderado que el que imagina el Gobierno nacional.


