Las reservas brutas del Banco Central de la República Argentina tocaron el jueves su nivel más bajo desde fines de agosto, una señal que no pasa desapercibida en un contexto donde la acumulación de divisas sigue siendo el termómetro de la estabilidad cambiaria.
El stock cerró en US$49.816 millones, un dato que por sí solo ya genera ruido. Pero lo que más preocupa no es el número en sí sino la tendencia: el ritmo de compras del BCRA en el mercado de cambios viene perdiendo fuerza respecto de los meses anteriores, y el jueves no fue la excepción.
En la jornada, la autoridad monetaria realizó compras netas por apenas US$9 millones. Una cifra modesta, casi simbólica, que contrasta con el ritmo que el propio gobierno había mostrado como bandera en los primeros meses del programa económico. La máquina de acumular reservas, al menos por ahora, parece andar a media marcha.
La caída en el nivel de reservas no implica necesariamente una crisis inminente, pero sí obliga a prestar atención. Cualquier deterioro sostenido en el stock bruto pone presión sobre el tipo de cambio y sobre la credibilidad del esquema cambiario vigente. En economías como la argentina, donde la confianza se construye con datos y se destruye con tendencias, una racha de números flojos tiene peso propio.
Por ahora, el mercado observa. El nivel de US$49.816 millones sigue siendo una cifra considerable en términos históricos, pero la dirección importa tanto como el valor absoluto. Si el ritmo de acumulación no se recupera en las próximas semanas, el debate sobre la solidez del frente externo volverá con más fuerza al centro de la escena.


