Un accidente que pudo evitarse. Un bebé de seis meses terminó en terapia intensiva después de que un pasajero intentara guardar su equipo de mate en un colectivo y el termo se cayera, volcando agua caliente sobre el niño que viajaba en brazos de su madre. El joven involucrado quedó imputado por el hecho.
El caso sacude porque no es una rareza: la Asociación Argentina de Quemaduras advierte que el mate es responsable del 80% de las quemaduras en niños pequeños. Un número que debería alarmar a cualquiera que alguna vez haya tomado unos mates cerca de un chico sin pensar demasiado en el riesgo.
La escena es cotidiana y por eso es peligrosa. El termo en la mochila, el mate en la mano, el colectivo que frena de golpe o el movimiento brusco de quien intenta acomodar sus cosas. En fracciones de segundo, el agua a más de 80 grados puede provocar quemaduras graves en una piel tan vulnerable como la de un bebé. No hace falta descuido extremo: alcanza con un instante.
La Asociación Argentina de Quemaduras recomendó extremar los cuidados durante la preparación y el consumo de la infusión, especialmente en presencia de menores. El mensaje es claro: el mate es parte de la cultura argentina, pero eso no lo hace inofensivo cuando hay un niño cerca.
El bebé, que viajaba junto a su madre, sufrió las consecuencias de una situación que nadie planificó pero que tampoco nadie previno. Ese es el punto central del debate que abre este caso: la prevención no es solo responsabilidad de quien tiene el termo en la mano, sino de todos los que comparten un espacio cerrado con chicos pequeños.
Las quemaduras en la infancia dejan secuelas físicas y emocionales que pueden durar toda la vida. Conocer el riesgo, tomar distancia y pensar dos veces antes de manipular líquidos calientes cerca de bebés o niños es, literalmente, una cuestión de salud pública.


