El sueño de la casa propia se aleja un poco más cada mes. El costo de la construcción superó los $2,25 millones por metro cuadrado según el indicador elaborado por Apymeco, que registró un incremento del 4,27% durante junio. En dólares, la referencia trepó a US$1.503 por metro cuadrado.
El dato no es menor: en un país donde los salarios corren siempre de atrás, cada punto porcentual que sube el costo de la construcción es un escalón más que separa a las familias de acceder a una vivienda propia. Y el principal responsable de la suba volvió a ser el mismo de siempre: la mano de obra, que continúa presionando sobre los costos totales del sector.
Pero hay un detalle que los desarrolladores se encargan de subrayar: el precio final de una vivienda al comprador es todavía mayor que el costo de construcción. A ese número hay que sumarle el valor del terreno, los gastos administrativos, los impuestos, los honorarios profesionales y el margen comercial del proyecto. En la práctica, el metro cuadrado que sale de la obra ya listo para habitar puede superar con holgura esa cifra de referencia.
El escenario plantea un desafío concreto tanto para el sector privado como para las políticas públicas de vivienda: con costos que no dan tregua, los proyectos de construcción accesible se vuelven cada vez más difíciles de sostener sin algún tipo de subsidio o financiamiento específico. La ecuación, por ahora, no cierra para los bolsillos más ajustados.


