Gerardo Bartolomé tiene 70 años, una empresa líder mundial en semillas de soja que ya no conduce y otra que acaba de arrancar. Para muchos eso sería el final de la historia. Para él, es apenas el capítulo siguiente.
El ingeniero agrónomo egresado de la UBA fundó Grupo Don Mario (GDM) en 1982 con una filosofía que rompía el molde del sector: apostar a ciclos de cultivo más cortos para esquivar enfermedades e insectos, cuando la lógica dominante era otra. Esa apuesta ofensiva convirtió a GDM en la empresa líder en semillas de soja en Brasil, con presencia también en Estados Unidos y Sudáfrica. En 2021, Bartolomé le cedió el mando a su hijo Ignacio y cortó de manera tajante: sin doble comando, sin zonas grises.
“Cuando cumplí 65 años me pareció que era un buen momento para que Ignacio tome el mando. Él mira a 30 años. Mi perspectiva era de 10“, reconoció con una honestidad que no abunda entre los fundadores de empresas familiares. El traspaso le costó, pero dice que lo disfrutó.
Hoy su energía está puesta en Glycinemax, nombre que no es casualidad: es el nombre en latín de la soja, la oleaginosa que le cambió la vida. La empresa trabaja unas 30.000 hectáreas entre campos propios y alquilados en Chacabuco, Salto y Córdoba, con siembra de soja, trigo y maíz, equipos modernos de riego y una planta de clasificación. También es obtentor de semillas para Bayer y tiene proyectos con nueces en Mendoza y trigo candeal para pastas.
Pero lo que más lo moviliza no son los negocios sino lo que construye alrededor de ellos. “Busco generar más trabajo que rentabilidad. Manteniendo el lucro, que es parte del negocio, pero creando oportunidades para la gente”, dice. En esa línea, está impulsando la fundación de dos colegios: uno en el barrio Ricardo Rojas, en el partido de Tigre, y otro ya en marcha en Paso Fundo, localidad a 250 kilómetros de Porto Alegre, en Brasil. “Soy producto de la educación pública y Argentina fue clave en el comienzo de nuestra empresa”, subraya.
Sobre el futuro del agro, Bartolomé no esquiva los temas incómodos. Señala que en Argentina el 60% de la producción se realiza en campos alquilados, contra el 30% en Brasil y Estados Unidos, y que la diferencia clave está en el acceso al crédito. “En EE.UU. y Brasil, el que alquila es el vecino, otro propietario que tiene maquinaria gracias a créditos a largo plazo. El crédito puede cambiar el modelo de negocios en el país”, advierte. En un contexto donde los precios de los granos están bajos y las retenciones siguen vigentes, la ecuación no es sencilla.
La trayectoria de Bartolomé es la de alguien que construyó una empresa global desde la Argentina, la entregó en tiempo y forma, y eligió seguir apostando en lugar de retirarse. A los 70, con dos colegios en construcción y 30.000 hectáreas bajo gestión, la pregunta no es si va a parar, sino cuándo.


