Una mujer entró con una bomba a un restaurante italiano en el centro de Moscú el sábado por la noche y la hizo detonar. El resultado: cinco personas muertas, incluida ella misma, y al menos 21 heridos. El ataque sacudió a la capital rusa y encendió de inmediato la maquinaria de acusaciones cruzadas que define esta guerra.
El blanco fue el Balzi Rossi, un exclusivo restaurante italiano ubicado en la plaza Kudrinskaya, en pleno centro de Moscú. Según informaron fuentes oficiales rusas, el local estaba cerrado esa noche para un evento privado. La mujer intentó ingresar con el artefacto de forma encubierta, pero un guardia de seguridad le negó el acceso. La bomba explotó antes de que pudiera entrar al salón principal, lo que, según la versión oficial, evitó una masacre mayor.
El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, no tardó en pronunciarse. En redes sociales calificó el hecho de “brutal acto terrorista” y confirmó que los heridos reciben atención en hospitales de la ciudad. No señaló responsables. El Comité de Investigación de Moscú indicó que el caso sigue bajo investigación.
Quien sí señaló responsables, y con nombre y apellido, fue la embajada rusa en Italia. En un comunicado publicado en su canal de Telegram, la representación diplomática acusó directamente a “terroristas ucranianos” y mencionó al presidente Volodímir Zelenski por su nombre, afirmando que sus “tentáculos manchados de sangre” llegaron hasta el Balzi Rossi. El comunicado agregó que el ataque buscaba intimidar a ciudadanos italianos que trabajan en Rusia y comparó al gobierno de Kiev con organizaciones como Al-Qaeda y el ISIS.
La embajada también dijo que, gracias a la actuación del guardia de seguridad, el chef napolitano Carmine Alfieri y su equipo salieron ilesos. Una versión que, si bien puede ser cierta en ese punto, viene envuelta en una narrativa política cargada desde el vamos.
Del lado ucraniano, el silencio. Kiev no emitió declaraciones oficiales ni se pronunció sobre la explosión hasta el momento. Medios y canales rusos vincularon el ataque con la presencia de altos mandos militares rusos en el evento privado, aunque sin pruebas oficiales que lo confirmen. La acusación a los servicios de inteligencia ucranianos circula como hipótesis preliminar, no como hecho establecido.
Lo que sí es un hecho es el saldo humano: cinco muertos y decenas de heridos en el corazón de Moscú, en un ataque que, cualquiera sea su autoría, marca una escalada en la violencia que ya no se limita al frente de batalla.


