Javier Milei salió a la cadena nacional con una apuesta política de alto voltaje: presentó el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y un mecanismo de ajuste automático que él mismo bautizó como “grillete fiscal”. Lo hizo con la retórica encendida de siempre, pero esta vez con un paquete legislativo concreto que deberá pasar por el Congreso.
El argumento de fondo fue una cifra que el propio presidente repitió dos veces para que no quedaran dudas: desde la creación del Banco Central, la inflación acumulada asciende a 12.819.532.788.614.400.000 por ciento, un número de 20 dígitos. “El Banco Central ha sido una herramienta que posibilitó el robo de la alta política”, afirmó Milei, y planteó que la reforma viene a cerrar ese ciclo de 91 años.
Los cinco ejes de la reforma del BCRA son claros: la misión del organismo vuelve a ser exclusivamente preservar el valor de la moneda; se prohíbe de modo taxativo financiar al Estado nacional, a las provincias y a los municipios, incluyendo la compra de títulos en el mercado primario; se blindan el presidente y el directorio del Banco Central exigiendo dos tercios de ambas cámaras para su remoción; se restringe el pago de dividendos por servicios de liquidez; y se eliminan los cambios de la Carta Orgánica del 2012, incluyendo las letras intransferibles.
Pero el punto que más ruido político puede generar es el llamado “grillete fiscal”: si durante varios meses consecutivos el resultado fiscal es deficitario y el Congreso no corrige el rumbo, entra en vigencia automática un shutdown. Durante ese período, el Presidente, el Vicepresidente, senadores, diputados, ministros, secretarios y subsecretarios no cobrarían sueldo. “Por primera vez en nuestra historia, si la política no hace los deberes, la política pagará el costo, no lo pagará la gente”, sostuvo Milei.
El paquete se completa con un proyecto de liberalización del mercado de capitales: libertad para que las compañías diseñen productos financieros sin autorización previa del regulador, y seguros más simples, rápidos y baratos. Milei presentó las reformas como un conjunto interconectado con una secuencia legislativa definida. La prueba de fuego, como siempre, será si el oficialismo tiene los votos para convertirlo en ley.


