El gesto no alcanzó. El Gobierno de Javier Milei le ofreció el lunes un alivio concreto a la dirigencia sindical —un decreto que corrige dos puntos clave sobre el financiamiento gremial— y la CGT lo recibió, lo reconoció y de todas formas mantuvo el cronograma de protestas sin mover una coma. Así arranca, este miércoles, un nuevo plan de lucha que la central obrera define como escalonado y que, por ahora, no incluye un paro general en el horizonte.
La movilización convocada para las 15 horas frente al Congreso de la Nación tendrá como eje central el respaldo a los jubilados, que semana a semana reclaman por la pérdida del poder adquisitivo de sus haberes. Junto a la CGT marcharán la CTA de los Trabajadores, la CTA Autónoma, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y diversas organizaciones sociales, en una articulación que el triunvirato cegetista viene tejiendo desde hace semanas.
El contexto tiene su propia tensión interna. El lunes, a través de un nuevo decreto, el Ejecutivo modificó la reglamentación de la reforma laboral en dos aspectos que la dirigencia sindical venía cuestionando con dureza: aclaró que el tope del 2% para las cuotas solidarias debe calcularse sobre el total de las remuneraciones mensuales —y no solo sobre el salario básico convencional como fijaba el decreto 407/26— y volvió a habilitar los aportes empresarios a los sindicatos con destino específico. Dos correcciones que llegaron, además, después de una serie de fallos judiciales favorables a gremios como el Sindicato de Comercio, que habían obtenido medidas cautelares contra las restricciones originales.
Desde la cúpula de la CGT reconocieron el gesto pero lo pusieron en perspectiva. Cristian Jerónimo, uno de los triunviros de la entidad, explicó que el decreto “retrotrae a la normalidad lo que eran las negociaciones entre sindicatos y empresas”, pero fue tajante: ese cambio no modifica en nada el plan de acción. “Más allá de este decreto que sacó el Gobierno, hay un montón de cosas que están sucediendo en la Argentina que tienen un impacto negativo en la vida diaria de los trabajadores. Seguimos viendo cómo se cierran empresas, se siguen perdiendo puestos de trabajo y nosotros rechazamos un modelo económico que solamente privilegia a los que más tienen”, sostuvo.
Jerónimo fue más lejos al describir el escenario productivo: “No hay trabajo, hay una recesión profunda y lo único que se ve todos los días es cómo cierra una empresa”. Ese diagnóstico —compartido por los sectores que integran la mesa sindical— es el motor real del plan de lucha, que la CGT describe como una estrategia de presión sostenida sobre la Casa Rosada durante los próximos meses. El financiamiento sindical era una de las batallas; las otras —reforma laboral, empleo registrado, salarios, jubilaciones— siguen intactas y sin resolución a la vista.
La movilización de este miércoles será, entonces, el primer escalón de una secuencia que la central obrera irá definiendo según cómo evolucione la respuesta del Gobierno. Sin fecha de paro general fijada, pero con el cronograma en marcha, la CGT le deja en claro a la administración de Milei que un decreto sobre cuotas sindicales no cierra la disputa de fondo.


