No hubo más salidas. Sergio Urribarri, exgobernador de Entre Ríos, fue detenido durante la madrugada del sábado después de que la Corte Suprema de Justicia rechazara los últimos recursos que le quedaban contra su condena. El cierre definitivo de esa puerta judicial convirtió en realidad lo que durante meses pareció postergarse indefinidamente.
El traslado se produjo desde Concordia, ciudad donde residía, en horas de la madrugada. Urribarri pasó la noche en la Alcaidía de Tribunales de Paraná, a la espera de ser alojado de manera definitiva en la Unidad Penal N° 1 de esa ciudad. Un recorrido corto en kilómetros, pero enorme en términos políticos y simbólicos para la historia reciente de la provincia.
La condena del exmandatario entrerriano arrastra años de proceso judicial y fue uno de los casos más resonantes de la política provincial en la última década. Con la sentencia firme, ya no hay recurso ordinario ni extraordinario que pueda suspender su cumplimiento: la instancia judicial quedó agotada.
Lo que sigue ahora es la etapa de ejecución de la pena dentro del sistema penitenciario bonaerense. El ingreso a la Unidad Penal N° 1 de Paraná marca el comienzo efectivo de esa etapa, lejos de los despachos y los actos partidarios que definieron buena parte de su trayectoria pública.
Para la política entrerriana, la imagen de un exgobernador trasladado en la madrugada hacia una unidad penitenciaria es un dato que no pasa desapercibido. Sea cual sea la lectura que cada sector haga del proceso, el hecho concreto es uno solo: la Justicia cerró todos los capítulos pendientes y Urribarri comenzó a cumplir su condena.


