Sin grandes sobresaltos pero con varios interrogantes sobre la mesa. Las primeras estimaciones para la campaña de maíz 2026/27 indican que la superficie destinada a grano comercial se mantendría en torno a las 8,4 millones de hectáreas a nivel nacional, según el relevamiento de pre-campaña de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. El número igualaría tanto al ciclo anterior como al de 2023/24, lo que marca una estabilidad notable en las intenciones de siembra.
El relevamiento arrancó a principios de julio y busca anticipar las decisiones de los productores antes de que empiece el juego en serio. Lo que muestran los primeros datos es un escenario de equilibrio, donde las variaciones entre regiones tienden a compensarse. Algunas zonas proyectan más área, otras menos, pero el resultado agregado no se mueve demasiado del piso histórico reciente.
Uno de los factores que más pesa en las decisiones es, otra vez, la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis). Esta plaga vuelve a ser el fantasma que ronda los planteos productivos, especialmente en las regiones donde su presencia implica un riesgo real para el cultivo. Los productores de esas zonas mantienen una postura más cauta, y con razón: la chicharrita puede arruinar una campaña entera si no se la maneja bien desde el arranque.
El escenario climático suma otro capítulo. El desarrollo de un episodio de El Niño mejora las perspectivas de disponibilidad hídrica en parte del área agrícola, lo que podría favorecer la intención de siembra en algunas zonas. Pero la mejora no es pareja: hay regiones donde los riesgos sanitarios y productivos pesan más que las lluvias favorables, y los productores lo saben.
A todo eso se le agrega un panorama económico heterogéneo. La rentabilidad proyectada para el maíz muestra una leve mejora respecto de la campaña anterior, aunque el cultivo sigue siendo uno de los más exigentes en términos de capital. Los precios relativos frente a otros cultivos también juegan: la soja, el girasol o el sorgo pueden resultar más convenientes según la zona y el momento, y esa competencia interna define buena parte de la superficie final.
Las próximas semanas serán determinantes. La evolución de la chicharrita, el comportamiento de las lluvias y el movimiento de los precios marcarán si las 8,4 millones de hectáreas se confirman o si alguna variable termina corriendo el tablero. Por ahora, el campo apuesta a la estabilidad, pero con los ojos bien abiertos.


