Quince agentes del Servicio Penitenciario están detenidos y la causa sacude al sistema carcelario bonaerense: los acusan de torturas, humillaciones y abusos sexuales cometidos contra internas de la Unidad Penal N° 51 de Magdalena, en la provincia de Buenos Aires.
Según la investigación judicial, los hechos ocurrieron durante un operativo dentro del penal. Cuatro internas presentaron denuncias que describían golpes sistemáticos, tratos degradantes y agresiones sexuales perpetradas por quienes tenían a su cargo precisamente la custodia y el orden del establecimiento. La paradoja es brutal: los guardianes convertidos en victimarios.
La detención simultánea de 15 agentes es una señal de que la Justicia tomó la causa con seriedad. No es un hecho menor: operativos de esa escala dentro de un penal implican coordinación, jerarquía y, muy probablemente, una cadena de mandos que la investigación deberá desenredar con precisión.
Las denuncias de violencia institucional en cárceles argentinas no son nuevas, pero rara vez derivan en detenciones masivas de personal penitenciario. Que cuatro mujeres privadas de su libertad hayan podido sostener sus testimonios hasta llegar a este resultado habla de una instrucción que, al menos en esta etapa, funcionó.
La causa continúa abierta. La Justicia de Buenos Aires deberá determinar el grado de responsabilidad individual de cada uno de los detenidos y si existieron superiores que ordenaron, permitieron o encubrieron los hechos denunciados.


