La recordaron como era: alegre, dedicada, presente. Las compañeras de trabajo de Estefanía Sosa rompieron el silencio y pusieron en palabras lo que el dolor a veces no deja decir. La joven, que trabajaba en un hogar de residentes, dejó una marca que sus colegas no están dispuestas a dejar caer en el olvido.
Ante las cámaras, las mujeres relataron cómo fue la despedida de las propias residentes del hogar, una escena que según describieron resultó desgarradora. Personas mayores, muchas de ellas con vínculos cotidianos con Estefanía, tuvieron que procesar una ausencia que nadie esperaba ni merecía. El impacto no se limitó a la familia directa: se extendió por cada rincón de ese lugar donde ella trabajaba con vocación.
El reclamo fue claro y unánime: justicia. Las compañeras exigieron que el fatal choque que le costó la vida no quede impune ni se pierda entre papeles y expedientes. En situaciones como esta, donde una vida joven se corta de golpe en la vía pública, la pregunta que flota es siempre la misma: ¿quién responde?
Al mismo tiempo, pidieron una cadena de oración por Carolina, la madre de Estefanía, quien al momento de los testimonios permanecía internada. Una madre que sobrevivió al mismo hecho que se llevó a su hija, y que ahora enfrenta una recuperación atravesada por una pérdida imposible de dimensionar.
La memoria de Estefanía Sosa quedó en boca de quienes la conocieron de cerca, en los pasillos de ese hogar donde ella eligió cuidar a otros. Sus compañeras aseguran que no van a bajar los brazos hasta que haya una respuesta judicial a la altura de lo que ocurrió.


