Casi tres años de búsqueda, de incertidumbre, de no saber dónde estaba su hija. Y de golpe, la noticia que lo cambió todo: la nena, desaparecida desde agosto de 2023, fue localizada en Venezuela. Su padre lo confirmó con una frase que lo dice todo: “La quiero abrazar y recuperar el tiempo perdido”.
El hombre relató que la niña fue encontrada tras una búsqueda que se extendió por casi tres años. La localización abre una nueva etapa, pero también una nueva angustia: el reencuentro todavía no se concretó. Para que eso ocurra, el padre pide que Cancillería agilice el proceso de restitución internacional, un trámite que en casos como este puede demorarse más de lo que cualquier padre está dispuesto a tolerar.
¿Cuánto tiempo más tiene que esperar un padre para abrazar a su hija? La pregunta no es retórica: es el centro de todo lo que viene ahora. La localización es un paso enorme, pero la distancia entre encontrar y reencontrar puede medirse en meses de burocracia diplomática si los organismos competentes no actúan con la urgencia que el caso exige.
Mientras tanto, la investigación judicial continúa su curso. La búsqueda que arrancó hace casi tres años no cierra con la localización: hay preguntas sin responder sobre cómo y por qué la niña terminó en Venezuela, y la Justicia seguirá trabajando en esa dirección.
El caso pone en primer plano el funcionamiento de los mecanismos de restitución internacional de menores, un engranaje que cuando funciona bien devuelve familias, y cuando se traba, prolonga el dolor de manera innecesaria. El padre ya hizo su parte: buscó, insistió y no bajó los brazos en casi tres años. Ahora le toca al Estado responder a la altura.


