Un dato que merece una segunda lectura: Argentina va a importar 400 millones de billetes de $20.000 fabricados en China para cubrir la demanda prevista durante 2027. La decisión la tomó el Banco Central, que adjudicó el contrato a una empresa estatal del gigante asiático.
El volumen del encargo no es menor. 400 millones de billetes es una cifra que habla de una demanda sostenida de efectivo, en un contexto donde el país lleva años debatiendo si el dinero físico tiene o no futuro frente al avance de los pagos digitales. La respuesta, al menos en términos de política monetaria, parece clara: el billete de papel sigue siendo necesario.
Pero el dato que genera más ruido es el otro: mientras el Estado argentino le encarga la impresión de su propio dinero a China, la Casa de Moneda —el organismo nacional creado históricamente para eso— va a ponerse a trabajar, sí, pero para Nigeria. No para abastecer el mercado local, sino para producir billetes de un país africano.
La paradoja es difícil de ignorar. La fábrica estatal argentina de billetes imprimirá moneda extranjera mientras una empresa china fabrica los pesos que van a circular en las billeteras de los argentinos. Es una imagen que dice mucho sobre el estado actual de las capacidades industriales del Estado y sobre las prioridades en la asignación de recursos.
No es la primera vez que Argentina recurre a la impresión en el exterior: en distintos momentos de su historia, la demanda de efectivo superó la capacidad instalada de la Casa de Moneda y se apeló a proveedores externos. Lo que sí resulta llamativo es la simultaneidad: exportar el servicio de impresión hacia afuera e importar el propio circulante al mismo tiempo.
Los billetes de $20.000 son actualmente uno de los de mayor denominación en circulación, y su demanda proyectada para el año próximo refleja que la economía argentina seguirá requiriendo efectivo en grandes cantidades. La adjudicación a la empresa china ya está resuelta; la producción local para Nigeria, en marcha.


