Una empresa que supo ser referencia del mapa lechero nacional está vendiendo lo que le queda de valor para no hundirse del todo. Lácteos Verónica, en pleno proceso de concurso preventivo de acreedores, acordó desprenderse de sus dos plantas industriales más importantes en la provincia de Santa Fe: los establecimientos de Clason y Suardi, por un total de 15,5 millones de dólares.
Los boletos de compraventa se firmaron el 2 de julio, semanas antes de que la empresa formalizara su presentación ante la Justicia. La planta de Clason se pactó en u$s9 millones con la firma Lacterra, mientras que la de Suardi quedó comprometida en u$s6,5 millones con Copalac. Ambas operaciones se pagarán en tres cuotas a 18, 30 y 42 meses, con garantías hipotecarias sobre los inmuebles. Al estar la compañía bajo proceso concursal, los traspasos requieren la aprobación definitiva de la Justicia.
Hay un detalle que generó ruido en el sector: Lacterra y Copalac se constituyeron apenas días antes de cerrar los acuerdos. Lacterra fue creada el 19 de junio de 2026 y Copalac el 11 del mismo mes, según consta en la Inspección General de Justicia. La juventud de las compradoras encendió señales de alerta entre quienes siguen el expediente.
El esquema elegido para la transición es el fasón: las nuevas dueñas aportan la leche fluida y retienen la propiedad de los lácteos elaborados, mientras que Verónica opera la maquinaria y cobra un canon por el procesamiento. Bajo ese modelo, Lacterra garantizará a la lechera $600,6 millones mensuales más IVA, ajustables por IPC, más un adicional variable por volumen. Copalac, por su parte, pagará u$s324.000 mensuales más IVA y $32 extras por litro procesado.
La planta de Clason, sobre la Ruta Nacional 34, tiene capacidad para procesar 530.000 litros diarios y emplea a 140 personas. La de Suardi, sobre la Ruta Provincial 23, puede procesar 580.000 litros por día, cuenta con fábrica de leche en polvo y línea de quesos blandos, y tiene 85 trabajadores.
Los números del balance son contundentes: al 30 de junio, Verónica declaró activos por $109.234 millones frente a un pasivo de $118.496 millones, lo que arroja un patrimonio neto negativo de $9.262 millones. Además, la empresa acumula más de 2.900 cheques rebotados por encima de los $11.200 millones y un pasivo bancario de $4.744,8 millones. La dirección atribuye la caída al derrumbe del consumo, el aumento de costos fijos, el encarecimiento del crédito y la falta de capital de trabajo.
El ajuste también se midió en personas: la empresa pasó de más de 700 empleados a apenas 362. Además de Clason y Suardi, sostiene una tercera planta en Lehmann con 112 trabajadores, aunque ese establecimiento permanece paralizado y no fue incluido en los contratos de cesión. El futuro de esos puestos de trabajo depende, en buena medida, de lo que resuelva la Justicia en las próximas semanas.


