La Comisión Nacional de Valores dio un paso que cambia el tablero: mediante la RG N° 1177, habilitó a los FCIA a invertir en cuotapartes de fondos abiertos que repliquen índices o canastas de activos. La medida no es menor: abre una puerta para que el ahorro se mueva con más velocidad, más transparencia y más herramientas.
El detalle clave está en el porcentaje: los fondos comunes de inversión abiertos podrán colocar hasta el 25% de su patrimonio neto en cuotapartes de FCIA ETF. La CNV estableció parámetros de prudencia y transparencia para que esa operación no se convierta en un salto a ciegas, sino en una gestión con reglas claras.
El presidente de la CNV, Roberto E. Silva, lo resumió con una frase que suena a señal de mercado: “con esta resolución damos un nuevo paso en la modernización del mercado de capitales, ampliando las herramientas disponibles para la industria y generando nuevas oportunidades de inversión”. Para el funcionario, la innovación regulatoria debe traducirse en más inversiones y en un mercado con mayor capacidad para acompañar el crecimiento del país.
Silva también remarcó que durante esta gestión se impulsó la incorporación de los ETF al marco regulatorio argentino y que hoy existe el primer ETF local que replica el índice MSCI Merval. Ese avance, según planteó, permite una diversificación concreta de instrumentos y un acceso más amplio de los inversores al mercado argentino.
La norma no se quedó ahí: también flexibilizó la inversión de los FCIA en cuotapartes de Fondos Comunes de Inversión Cerrados de Créditos, conocidos como FCICC. El tope es del 20% del patrimonio neto, pero con condiciones duras: las cuotapartes deben tener calificación de riesgo AA en escala nacional y un vencimiento menor o igual a dos años desde la adquisición.
El objetivo declarado es doble: darle a las Sociedades Gerentes herramientas más eficientes para armar carteras y, a la vez, fortalecer la liquidez y la profundidad del mercado local. También busca mover carteras crediticias y facilitar el acceso al financiamiento de sectores productivos, un punto que puede leerse como un intento de empujar el ahorro hacia la economía real.
En la práctica, la CNV no habilitó una apuesta libre: puso topes, calificaciones y plazos para que la operación no se vuelva un juego de riesgo. La idea es que los FCIA mantengan una gestión prudente, con más opciones de colocación y sin perder el control sobre la exposición a instrumentos ligados a índices o créditos.
La resolución también apunta a la profundidad del mercado: si los fondos abiertos pueden invertir en FCIA ETF y en FCICC bajo reglas claras, la industria tiene más canales para movilizar recursos. El mensaje de la CNV es directo: más instrumentos, más liquidez y una gestión más eficiente para que el ahorro no se quede estancado.


