«A Iñaki nadie lo va a devolver». La frase condensa el dolor de una familia que hoy busca justicia en Tribunales por la muerte del joven, ocurrida en un accidente de tránsito a fines de octubre. El relato de su tía, Siomara, te dibuja a un chico criado con contención, querido por su entorno y con proyectos que se cortaron de golpe.
Según la tía, Iñaki era el menor de siete hermanos y fue criado por su padre, sus tías y la pareja posterior de su padre tras el fallecimiento prematuro de su madre, cuando él tenía tres años. «Fue criado con mucho amor, con mucha contención familiar», recordó Siomara. En 2023, cumplió 18 años y la familia le organizó una fiesta; su padre le regaló una moto 150 c.c., con la condición de que cumpliera los requisitos para circular.
El joven se movía entre el deporte y la escuela: participaba en la categoría sub 18 de fútbol del Club Salto Grande y se había probado en Patronato de Paraná, porque su sueño era ser futbolista profesional. Sus compañeros le hicieron un homenaje tras el fallecimiento. Además, terminaba la secundaria en el Colegio Nacional, y quedaban los actos de colación y recepción.
También había estudiado barbería porque quería abrir una peluquería con su socio, quien lo acompañaba en la moto esa noche: Iñaki Zabala. Ese chico, de la misma edad, estuvo un mes internado por el accidente y quedó con secuelas: problemas respiratorios. Según la tía, no recuerda lo que sucedió esa noche.
El siniestro ocurrió en la intersección de la ex Ruta 4 y Diamante, alrededor de las 4:30 de la madrugada. De acuerdo con el registro de cámaras de seguridad y la información de la Jefatura de Policía, el vehículo de mayor porte circulaba de oeste a este por Illia, mientras el ciclomotor lo hacía de norte a sur por Diamante. Iñaki murió el domingo 22 de octubre de 2023, tras ingresar en estado grave al hospital Masvernat y permanecer en terapia intensiva.
En la versión de la familia, las cámaras muestran que Iñaki ya había cruzado la bocacalle cuando una Renault Traffic que marchaba por Illía frenó y le cedió el paso. El semáforo estaba intermitente en plena madrugada. Luego, según Siomara, aparece por detrás el conductor Rubén Darío Rolón, sobrepasa la doble línea amarilla y lo atropella.
Siomara sostuvo que su sobrino no había consumido alcohol cuando manejaba y que esa hipótesis, planteada por la defensa, quedó desacreditada por los peritos. También relató que personas se acercaron a realizar maniobras de RCP: estudiantes de enfermería y una mujer que iba en moto, que frenó porque tenía una llamada. Iñaki llevaba el casco, pero a raíz del impacto golpeó la cabeza contra el cordón cuneta.
La tía reconoció que, cuando uno sale a la calle con un auto, no sale a matar; pero hizo una distinción entre un accidente y un «incidente» por el incumplimiento de normas de tránsito. En ese marco, llamó «asesino» a Rubén Darío Rolón y dijo: «Esa persona choca a mi sobrino y no es capaz de pedirle disculpas a la familia». No consta su descargo en el relato familiar, y la carátula del caso incluye las lesiones graves por conducción imprudente, artículo 94 b.
Quedan los actos de colación sin él, el homenaje de sus compañeros y una familia que reclama justicia en Tribunales. La búsqueda de una respuesta no borra el dolor, pero te obliga a mirar de frente lo que pasó en esa madrugada y a exigir que cada norma de tránsito se cumpla.


