Desde la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte, en las afueras de Madrid, la titular del FMI puso a Argentina como ejemplo de disciplina fiscal.
“Argentina lo está haciendo muy bien al sentar las bases para el crecimiento, la estabilidad macroeconómica y financiera, y el país será recompensado por eso”, afirmó Kristalina Georgieva ante la prensa, una semana después del acuerdo técnico por la tercera revisión del programa de US$ 20.000 millones.
La charla se dio en la Conferencia Internacional sobre Banca de Banco Santander, con Ana Botín y el presidente chileno José Antonio Kast.
Al mencionar a Grecia, Portugal e Irlanda, Georgieva sumó a Argentina y a Chile como economías que aprendieron la lección del equilibrio fiscal.
El tramo más picante llegó cuando retomó una frase de Kast sobre el populismo y la pobreza: “Hay que cortarle la cabeza al populismo”, enfatizó la titular del FMI, en términos generales.
Georgieva advirtió que la deuda pública mundial se acerca al 100% del PBI y que el servicio de la deuda se vuelve “asfixiante” para gobiernos, empresas y hogares, en un mundo con tasas altas e inflación persistente.
Su puntería fue directa: “¿Quién es el peor infractor entre las economías avanzadas? Estados Unidos”, sostuvo, en un país con deuda de US$ 40 billones y déficit fiscal en torno al 6% del PBI.
La metáfora fue clara: la deuda es “como una escalera”; subimos un escalón, otro y otro, pero “esta no es una escalera al cielo”. Durante la pandemia y la guerra en Ucrania, los países aumentaron el gasto y el endeudamiento, y muchos no recomponen el margen fiscal en la recuperación.
En ese escenario, Georgieva y Botín coincidieron en que los países desarrollados tienen “más tarea” que los emergentes, por el riesgo geopolítico, el endeudamiento, la inflación y el nuevo mercado laboral que trae la inteligencia artificial.
¿Qué queda del relato de la disciplina fiscal? La respuesta de Georgieva fue nítida: el crecimiento no alcanza solo; hace falta disciplina fiscal y medidas tempranas.
El respaldo llega tras el acuerdo técnico del 27 de octubre por la tercera revisión del programa de US$ 20.000 millones firmado en abril de 2025.
Según el staff del FMI, la tercera revisión fue aprobada; el visto bueno del directorio, previsto para comienzos de diciembre, gatillaría un desembolso de unos USD 900 millones que se usaría para pagarle al propio Fondo.
Para la Argentina, el mensaje es doble: hay respaldo internacional y una advertencia de que la disciplina fiscal no puede aflojar. En un mundo donde la deuda sube como una escalera sin techo, cada punto de margen fiscal vale oro y cada retroceso en el plan puede costar caro.


