A un año de la elección, Milei sube, pero no despega: la aprobación llegó al 36,2% en octubre, el tercer mes seguido de mejora, pero el rechazo intenso sigue siendo el dato que no se puede esconder.
La recuperación no es un salto: fue del 31,4% de julio al 32,2% de agosto, al 35,2% de septiembre y al 36,2% de octubre.
En tres meses, el oficialismo sumó 4,8 puntos, una variación que se puede leer como tendencia, no como ruido estadístico. En paralelo, la brecha entre aprobación y desaprobación se achicó de 27,4 puntos en julio a 19,3 en octubre.
Aun así, el Gobierno sigue lejos de los niveles de noviembre y febrero, cuando la aprobación superó el 40% y llegó a empatar con el rechazo. Desde abril, el indicador se mueve en una banda de menos de cinco puntos, lo que sugiere que la mejora reciente recupera terreno perdido, no conquista territorio nuevo.
El apoyo joven tiene un matiz que te conviene leer despacio: aunque la mitad de los menores de 40 años aprueba la gestión, el 56,5% de ese grupo dice que jamás votaría a Milei.
Su potencial electoral entre ellos queda en 39%, una distancia de casi 12 puntos que muestra un respaldo más evaluativo que identitario.
El género aparece con más fuerza en el rechazo: la imagen positiva de Milei es del 41,2% entre varones y del 30,2% entre mujeres, una brecha de 11 puntos.
Pero la imagen negativa salta del 48,7% al 67,9%, una diferencia de más de 19 puntos. Dos de cada tres mujeres tienen una imagen negativa y el 65,5% asegura que jamás lo votaría.
Esa intensidad es uno de los rasgos más duros del cuadro: del 58% que tiene una imagen negativa, el 54,3% la califica como “muy mala”, el nivel de rechazo más alto entre todos los dirigentes medidos.
La imagen positiva, en cambio, se reparte casi igual entre “muy buena” (17,7%) y “buena” (18,1%).
El resultado es un apoyo moderado frente a un rechazo de alta intensidad, una asimetría que explica por qué el margen de crecimiento electoral es tan estrecho.
El desafío es concreto: la desaceleración inflacionaria dejó de ser el eje de la demanda social. Hoy mandan salario, empleo y endeudamiento de las familias, justo los temas donde la sociedad todavía no percibe mejora. A eso se suma la incertidumbre: casi la mitad de la población no logra proyectar su situación económica en el mediano plazo.
La recuperación descansa sobre bases frágiles. Entre febrero y abril, el oficialismo resignó en dos meses lo que había acumulado tras las legislativas de 2025 y volvió a niveles similares a los previos a la elección. Si el malestar del bolsillo no encuentra respuesta, la mejora conseguida desde julio podría revertirse con la misma velocidad.
El miedo a la inestabilidad también se ve en el trabajo: el 67,2% prefiere un empleo en relación de dependencia y registrado, con recibo y aportes. El trabajo independiente con monotributo reúne 26,9% de preferencias y la informalidad apenas 1,4%.
En medio del conflicto con las universidades nacionales, el sondeo muestra que el 75,5% tiene una imagen positiva de esas instituciones, apenas el 11,5% negativa y el 12,5% regular. Es una valoración que duplica a la aprobación del propio Gobierno.


