El Papa León XIV eligió el Ángelus de este domingo para dejar una frase que suena corta pero pesa: “no cansarnos de construir la paz”. El mensaje llegó a una semana de su visita a la Argentina, prevista del 8 al 11 de noviembre. En un mundo que avanza con ruido, la palabra del Pontífice se instala como un llamado a no rendirse ante lo cotidiano, a no tratar la paz como un lujo de los días buenos.
No es un pedido menor. Construir la paz no se parece a una obra que se inaugura un día y se olvida al otro: es un oficio diario, hecho de gestos cotidianos de amor, de perdón y de búsqueda de justicia. El Pontífice los destacó en su mensaje, y ahí está el punto: la paz no se decreta, se trabaja, y vos lo sabés cuando la buscás todos los días.
La frase tiene un antes y un después: cayó justo antes de la visita papal al país. Del 8 al 11 de noviembre, la Argentina tendrá en su agenda una visita que, más allá del protocolo, vuelve a poner en el centro una pregunta incómoda: ¿estamos a la altura de lo que predicamos? Porque la paz no se pide solo para los grandes escenarios, sino para las casas, las familias, los barrios y las calles donde la gente se cruza todos los días.
El perdón aparece como una de las claves del mensaje. No es una palabra suave: es una herramienta dura, porque obliga a soltar la cuenta pendiente. El amor cotidiano tampoco se queda en la retórica: se mide en decisiones, en palabras, en silencios que no lastiman. Y la justicia completa el triángulo, porque una paz sin justicia es solo una pausa, no un destino.
¿Y qué significa no cansarse? Significa no dejar que la rutina nos robe la paciencia, no convertir el enojo en costumbre, no aceptar que la violencia sea el precio de la convivencia. Es un pedido que suena simple y que, en la práctica, exige un esfuerzo enorme. Porque la paz no se construye con un acto heroico, sino con mil pequeñas decisiones que nadie aplaude.
Que el Papa León XIV haya hecho este pedido a una semana de su visita a la Argentina le da un peso distinto. No es un discurso genérico: es una señal de que la visita no debe reducirse a la superficie. Es una invitación a revisar lo que hacemos cuando nadie mira, cuando la paz se construye en lo que no sale en titulares. Y ahí, justamente, está el desafío para todos.
La fecha está puesta: del 8 al 11 de noviembre. La frase también: no cansarnos de construir la paz. Lo que viene no se va a medir solo por la visita, sino por lo que hagamos después, cuando el eco se apague y cada uno vuelva a su vida. Porque la paz, al final, no se visita: se construye todos los días, con las manos y con la palabra.


