viernes, octubre 30, 2026
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Bolsonaro: la fuga desde Iguazú con jets, agentes de EE.UU. y ayuda del Gobierno

No fue una salida improvisada: fue un operativo con agentes extranjeros y un aeropuerto argentino intervenido.

El martes, casi a medianoche, las cámaras captaron una camioneta blanca con vidrios polarizados en Puerto Iguazú, Misiones. Muchos creyeron que adentro iba Flávio Bolsonaro con su familia.

Pero la familia había llegado una hora antes, en un vehículo con movimientos organizados por agentes de Estados Unidos, según testimonios de testigos directos. El auto entró a la pista por una entrada secreta y, en pocos minutos, despegó un jet Gulfstream IV con matrícula LV-JQW rumbo a Miami.

En el aeropuerto, la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Migraciones y Aduana habrían sido apartadas por representantes del extranjero, que coordinaron los trámites y la entrada al avión. La familia y el brasileño buscado esperaron más de cuarenta minutos sentados hasta la autorización.

La camioneta que llegó a la pista generó confusión: era parte de la distracción. La administración Trump y hasta el presidente brasileño Lula Da Silva habían dicho que los Bolsonaro ya estaban en el país norteamericano, cuando la salida real se concretó pasada la medianoche, desde Misiones.

No te podés imaginar el vertigo: comunicaciones cruzadas entre fuerzas de seguridad, inteligencia, dirigentes políticos y periodismo, todos mareados por novedades contradictorias que salían cada tanto.

Según fuentes que protagonizaron la trama, el plan tuvo una intervención de Estados Unidos en territorio argentino más relevante de la que se conocía. Los agentes habrían tomado el control de buena parte del aeropuerto, con asistencia del Gobierno, y contrataron al menos tres jets privados para tener alternativas.

El detalle más duro: el presidente Javier Milei habría ordenado a su principal asesor Santiago Caputo viajar de forma confidencial a Misiones para garantizar el éxito del plan. Hasta el cierre, el Gobierno argentino no dio su versión.

El operativo incluyó al menos tres, quizás cuatro aviones de alto costo que volaron en la zona, aterrizaron en Misiones o quedaron apostados como salidas alternativas, una de ellas en Paraguay. También se desplegaron camionetas y autos con patentes disuasorias para evitar retenes en Brasil y en la Argentina.

Se coordinaron zonas liberadas en el aeropuerto y sus alrededores, y se habilitaron canales de información entre inteligencia nacional y extranjera. Un ex miembro de la DEA y otro grupo de agentes secretos habrían trabajado en la misión.

La fuga de Bolsonaro no fue un chispazo: fue una operación con capas, silencios y mentiras públicas. Si se confirma, deja una pregunta incómoda para la Argentina: hasta dónde se metieron otros en el territorio nacional.

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