La Justicia ordenó dos juicios separados por el asesinato de Jeremías Monzón. La decisión la tomó el juez Héctor Aiello, y el camino procesal se divide: una adolescente imputada irá ante un tribunal técnico, y su madre, a un juicio por jurados.
El dato central no es menor: la adolescente imputada será juzgada por un tribunal técnico, mientras que la madre enfrentará un juicio por jurados. La separación no es un capricho de oficina ni de apuro: responde a dos regímenes distintos, dos edades, dos formas de discutir la misma causa. Y, sobre todo, a una pregunta que no se puede esconder: ¿cómo se procesa a una familia cuando el hecho pesa sobre todos?
El crimen de Jeremías Monzón ocurrió en diciembre de 2025. Desde entonces, la causa avanzó hasta esta resolución que ordena dos procesos distintos. No hay aquí una sentencia, no hay una condena: hay una puerta procesal que se abre y dos caminos que se separan. Pero para la sociedad, la pregunta sigue siendo otra: ¿qué pasó y cómo se llega a la verdad?
Ambas imputadas seguirán en prisión preventiva. Ese dato sostiene el peso de la medida: no es una formalidad, es una cautela que la Justicia mantiene mientras se define el juicio. La prisión preventiva no es un castigo definitivo, pero aún deja claro que el Estado no soltó la causa. Y en un caso donde madre e hija están acusadas, esa cautela también habla de la gravedad con la que se mira el hecho.
La separación de juicios obliga a pensar en dos procesos, dos lógicas: un tribunal técnico para la adolescente y un juicio por jurados para la madre. No es lo mismo, no se discute igual, no se resuelve igual. Y ahí aparece el riesgo: que la opinión pública, la impaciencia o la bronca terminen adelantando lo que corresponde a la Justicia. En un país donde todo se discute antes de que se juzgue, este caso pone una vez más a prueba la paciencia de la verdad.
La resolución de Héctor Aiello deja la causa en una etapa distinta: dos juicios, dos imputadas, una misma historia de dolor. Lo que viene no será un solo debate, sino dos caminos procesales que deberán responder por el crimen de Jeremías Monzón. Y mientras tanto, la prisión preventiva sigue de pie, como recordatorio de que la Justicia todavía no cerró la puerta, por ahora, al menos.


