Desde Estados Unidos, Donald Trump anticipó que hablará con Xi Jinping sobre inteligencia artificial, aunque dejó claro que no promoverá cambios en la situación actual. El presidente estadounidense sostuvo que esa posición también es compartida por China.
En un mensaje publicado en Truth Social, el mandatario describió la conversación prevista como un “día importante” y remarcó: “La superinteligencia (SI) será un tema central de debate, pero quiero dejarlo tal como está”. Allí, Trump señaló que el contrapeso frente a esa tecnología recae en el Departamento de Justicia.
El dato no es menor, y se te viene un cruce fuerte. Durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU, Trump anunció que la documentación oficial de Estados Unidos empleará las siglas SI para referirse a la superinteligencia.
El presidente estadounidense sostuvo que la expresión “artificial” transmite la idea de una tecnología “falsa”, pese a que la calificó como “asombrosa”. Aseguró que los documentos oficiales usarán el término “súper” en lugar de artificial.
La postura de Donald Trump se mantiene firme pese a los cuestionamientos de expertos durante las últimas semanas. El mandatario rechazó cualquier “esquema globalista” dirigido a regular o controlar el desarrollo de esta tecnología y defendió la soberanía de Estados Unidos.
En contraste, los directivos de OpenAI, Anthropic y Hugging Face pidieron ante el Consejo de Seguridad de la ONU mecanismos de control coordinados para los sistemas de inteligencia artificial. La sesión, convocada por Francia, expuso diferencias entre quienes reclaman reglas internacionales y la postura de Estados Unidos.
El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, advirtió que “si se gestiona mal, incluso creo que la IA podría ser un riesgo para la humanidad en su conjunto”. También pidió que los países acuerden impedir que la tecnología se use para fabricar armas biológicas, además de establecer verificaciones sobre las capacidades de los modelos y estándares para evaluar riesgos de pérdida de control.
El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, sostuvo que ningún gobierno, empresa o laboratorio puede enfrentar por separado las amenazas de sistemas cada vez más autónomos. “Podríamos perder el control del futuro frente a la IA”, afirmó, y añadió que las decisiones sobre su desarrollo deben pasar por procesos democráticos y gobiernos responsables ante sus ciudadanos.
El científico canadiense Yoshua Bengio, copresidente del Panel Científico Internacional Independiente creado por la Asamblea General de la ONU, coincidió con esa advertencia. “Los peligros son reales e inminentes”, dijo ante el Consejo, donde alertó de que se trata de una amenaza que ningún Estado puede contener por sí solo y que trasciende las fronteras nacionales.
La posición de los ejecutivos contrastó con la defendida por el asesor de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, Michael Kratsios, quien rechazó la creación de un esquema de regulación global. “No se puede gobernar una tecnología que no se comprende”, sostuvo, y planteó que los organismos internacionales deberían concentrarse en compartir prácticas para desarrollar capacidades nacionales.
El cruce entre Estados Unidos y los laboratorios de inteligencia artificial muestra que la superinteligencia ya no es solo un debate técnico, sino una disputa por reglas, soberanía y control. La pregunta que queda en el aire es si el mundo logrará acordar reglas ante una tecnología que, según los ejecutivos, trasciende fronteras.


