Las cuentas provinciales llegaron a mitad de año en terreno positivo, y los números lo confirman con claridad. Entre Ríos cerró el primer semestre de 2026 con un superávit financiero de $75.000 millones, según un informe del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Consejo Empresario de Entre Ríos (CEER). El resultado primario fue todavía más holgado: $145.000 millones, antes de descontar el pago de intereses de deuda.
El equilibrio fiscal no llegó solo. Detrás hay una política clara de contención del gasto: en términos reales, los gastos primarios cayeron un 5% interanual, mientras que los recursos totales mostraron una leve baja del 1%. Dicho de otro modo, la provincia gastó menos de lo que ingresó, y lo hizo de forma sostenida durante seis meses.
En el capítulo de ingresos, el panorama es mixto. Los recursos tributarios de origen nacional, que representan el 52% del total, cayeron un 3% real interanual. En cambio, los tributos provinciales propios crecieron un 5% en términos reales, una señal de mayor dinamismo en la recaudación local que el gobierno provincial puede exhibir como logro.
Por el lado del gasto, la reducción del 5% real se explica principalmente por la caída en los gastos corrientes, que representan el 96% del total. El gasto en personal bajó un 10% real interanual, y el de seguridad social un 6%. Son los componentes más sensibles políticamente, y también los que más peso tienen en el presupuesto. Lo que sí creció, y con fuerza, fue la inversión pública: los gastos de capital subieron un 33% real, lo que indica que la motosierra no cortó por igual en todos lados.
El informe también pone el ojo en la deuda pública, que alcanzó un stock de $1.015.000 millones, equivalente al 30% de los recursos acumulados. En términos reales cayó un 10%, pero hay un dato que no pasa desapercibido: el 84% de esa deuda está denominada en moneda extranjera. En un país con historial de volatilidad cambiaria, esa proporción es una señal de alerta que el propio informe no esquiva.
El documento del CEER concluye que el escenario muestra equilibrio fiscal con superávit y moderación del gasto, pero advierte que persisten desafíos estructurales: la dependencia de los ingresos nacionales sigue siendo alta, y la exposición cambiaria de la deuda representa un riesgo latente que cualquier turbulencia del dólar puede activar.


