Lo que empezó como un trabajo final de carrera terminó siendo un emprendimiento real con impacto concreto en la producción avícola entrerriana. Gregorio Santolaya, estudiante entrerriano, desarrolló Granja Control, una aplicación que aplica ciencia de datos a la gestión de granjas y que hoy ya opera en 11 establecimientos con casi 400.000 aves bajo su monitoreo.
La historia tiene ese sabor que pocas veces aparece: un joven que no se conforma con entregar el trabajo, aprobarlo y seguir. Santolaya vio en su proyecto final algo más que un requisito académico. Lo convirtió en herramienta concreta para un sector que históricamente manejó sus datos en papel, en planillas dispersas o directamente de memoria. La tecnología llegó al gallinero, y llegó desde adentro.
La aplicación permite a los productores avícolas centralizar y analizar la información de sus granjas en tiempo real. Mortalidad, consumo de alimento, rendimiento por lote: todo lo que antes se perdía en anotaciones sueltas ahora queda registrado, procesado y disponible para tomar mejores decisiones. En un sector donde los márgenes son ajustados y cada variable importa, eso no es un detalle menor.
Que una sola app desarrollada por un estudiante ya gestione datos de casi 400.000 aves en 11 granjas dice bastante sobre la necesidad que existía en el mercado y sobre la calidad de la solución que ofreció. No hubo que convencer a nadie con publicidad: el producto habló solo.
Entre Ríos es una de las provincias con mayor actividad avícola del país, y la adopción de tecnología en el sector viene siendo lenta pero sostenida. Iniciativas como Granja Control muestran que la innovación no siempre viene de afuera ni de grandes empresas: a veces nace en el escritorio de un estudiante que decidió tomarse en serio su trabajo final.


