Sin perder una sola partida. Así llegó Rodolfo González a lo más alto del torneo de ajedrez de los Juegos Deportivos de la Ciudad, una conquista que no se quedó solo en el tablero.
González es oriundo de San Salvador y estudia a distancia en la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER). Ganó el torneo de manera invicta y, cuando le preguntaron qué iba a hacer con el premio, la respuesta sorprendió: lo donará a su facultad para impulsar el ajedrez como disciplina dentro de la institución.
El gesto dice mucho de quien lo hace. En un contexto donde el deporte mental todavía busca su lugar en los espacios universitarios, la decisión de González apunta directo al corazón del problema: la falta de recursos y de visibilidad. Donar el fruto de una victoria personal para que otros puedan jugar es, en sí mismo, una jugada maestra.
El ajedrez suele ser el gran olvidado de los juegos deportivos institucionales, opacado por disciplinas más vistosas. Que un campeón invicto elija reinvertir su premio en la comunidad académica es el tipo de historia que merece más que un aplauso de cortesía.
González se consagró campeón y ya tiene en mente el próximo movimiento: que la UNER cuente con más herramientas para que el ajedrez crezca entre los estudiantes.


