El Gobierno Nacional tomó una decisión que frena, al menos por ahora, el golpe en el bolsillo de los hogares: elevó a 200 kWh mensuales el tope de consumo eléctrico con bonificación, dando marcha atrás con la baja a 150 kWh que estaba prevista en el cronograma original del esquema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF).
La medida se publicó en los cuadros tarifarios de septiembre del Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENReGE) y llega en un contexto de suba internacional de los costos energéticos que, según el propio Ejecutivo, hubiera implicado un salto más pronunciado en las facturas si se mantenía el esquema anterior. Una señal de que el ajuste tiene límites políticos, más allá de los técnicos.
Los números concretos: el aumento promedio en las facturas de septiembre será del 1,75% en electricidad y del 1,40% en gas natural, ambos por debajo del 2,1% de inflación registrado en julio, el último dato oficial del INDEC. En términos reales, las tarifas bajan. Por ahora.
Además, el Gobierno incrementó la bonificación extraordinaria de electricidad al 25%, que sumada a la bonificación base del 50% lleva el descuento total al 75% para los usuarios que califican. En gas natural, la bonificación extraordinaria se ubica en el 24,5%, llevando el total al 74,5%.
La lógica oficial es sostener el proceso de normalización tarifaria sin resignar las metas fiscales, pero amortiguando el impacto sobre los sectores más vulnerables. Un equilibrio que, en un año electoral y con costos energéticos globales en alza, se vuelve cada vez más difícil de mantener. Los usuarios que ya están inscriptos en el esquema de subsidios focalizados son quienes se benefician directamente de estas bonificaciones; quienes no lo están, pagan la tarifa plena.


