Tres jornadas de trabajo conjunto y una calle que volvió a ser calle. La vecinal Ibicuy, en el marco del programa Reconstrucción Barrial Ibicuy, llevó adelante una obra pluvial junto a personal municipal que terminó con uno de esos problemas crónicos que los vecinos aprenden a tolerar hasta que alguien decide no tolerarlo más.
La intervención consistió en conectar un desagüe a una boca de tormenta, una solución técnica que suena simple pero que marca la diferencia entre un barrio que funciona y uno que se inunda cada vez que el cielo se pone oscuro. La calle en cuestión permanecía intransitable durante las lluvias, una situación que no es menor: calles cortadas significan vecinos aislados, autos dañados, chicos que no llegan a la escuela, adultos mayores que no pueden salir.
Lo que llama la atención de esta experiencia no es solo el resultado sino el método. Vecinos y empleados municipales trabajando codo a codo durante tres jornadas es una imagen que no siempre se ve, y cuando se ve, merece ser contada. La organización vecinal fue el motor; el municipio aportó el personal y los recursos técnicos. Esa combinación, cuando funciona, produce resultados concretos que ningún discurso político puede reemplazar.
El barrio recuperó una calle. Y con ella, recuperó algo más difícil de medir pero igual de real: la certeza de que organizarse sirve.


