jueves, agosto 27, 2026
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El bioetanol argentino, estancado mientras Brasil y Paraguay avanzan

Cuatrocientas personas en un hotel de Tucumán, y ninguna cara de resignación. Senadores, gobernadores, industriales de la caña y del maíz, funcionarios nacionales y técnicos de organismos internacionales se juntaron en la II Cumbre de Bioetanol con una sola certeza compartida: la industria lleva demasiado tiempo esperando en el banco de suplentes, y ya no aguanta más.

El diagnóstico es claro y lo dijeron sin rodeos. Hace casi diez años que el corte obligatorio de bioetanol está fijo en el 12%. No es un problema de tecnología, ni de materia prima, ni de inversión potencial. Es un problema de marco regulatorio. Un techo legal que nadie actualizó mientras el mundo seguía girando.

La historia de la industria argentina es, hasta cierto punto, un caso de éxito. La Ley 26.093 estableció la incorporación obligatoria de biocombustibles a los combustibles fósiles, y la respuesta del sector fue inmediata. La superficie sembrada con caña de azúcar pasó de unas 280.000 a 420.000 hectáreas. La producción de alcohol de caña se triplicó, de 200.000 a 600.000 metros cúbicos. En el centro del país, productores agropecuarios levantaron desde cero una industria de etanol de maíz que hoy aporta otros 600.000 metros cúbicos. Hoy, alrededor del 30% de los ingresos del sector azucarero proviene del etanol.

Fue un círculo virtuoso: regulación que generó demanda, demanda que disparó inversiones, inversiones que crearon capacidad productiva. Hasta que el círculo se cortó. Hace una década, el corte se quedó en 12% y ahí sigue. Mientras tanto, Brasil avanzó del 18% hasta el 32%. Paraguay llegó al 30%. Bolivia habilitó porcentajes de hasta el 25%. Argentina, que había arrancado antes que varios de ellos, se quedó donde estaba.

Patrick Adam, director ejecutivo de la Cámara de Bioetanol de Maíz, lo dijo sin eufemismos: “Estamos cansados de ver cómo crecen nuestros vecinos y nosotros no”. La comparación con Brasil duele especialmente, porque allí el corte obligatorio convive con un enorme mercado voluntario de etanol hidratado, alimentado por un parque automotor flex que elige en el surtidor cuánto alcohol y cuánta nafta cargar.

Según Adam, si apenas una quinta parte del consumo argentino pudiera moverse hacia un mercado voluntario de ese tipo, aparecería una demanda adicional cercana a los dos millones de metros cúbicos de etanol, casi el doble de todo lo que hoy producen juntas las industrias de caña y maíz. El potencial está. La oferta está dispuesta a invertir para responder. Lo que falta es la decisión política de abrir la cancha.

La cumbre dejó en claro que el sector no pide subsidios ni protección especial: pide que le corran el techo. Una industria que ya demostró que sabe crecer cuando le dan espacio, volvió a Tucumán a recordárselo a quienes tienen la lapicera para cambiar el reglamento.

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