Un peatón perdió la vida atropellado por un colectivo en Villaguay y todavía nadie sabe quién era. Mientras la Justicia actúa, el dato que más golpea está en el test de alcoholemia: el conductor marcó 1,47 gramos de alcohol por litro de sangre, casi el triple del límite legal permitido para conductores de transporte público.
El chofer quedó aprehendido de inmediato tras el resultado del control. La cifra no deja lugar a interpretaciones: no era un caso límite ni una copa de más en el almuerzo. Era un conductor de colectivo, con pasajeros a cargo, circulando con un nivel de intoxicación que compromete severamente los reflejos, la visión y el juicio.
El hecho ocurrió en la ciudad de Villaguay, en el centro de la provincia de Entre Ríos. Las circunstancias exactas del atropellamiento se investigan, pero el resultado es irreversible: una persona murió en la vía pública, y quien manejaba el vehículo que la mató estaba en condiciones que nunca debería haber estado detrás del volante.
Lo que agrava aún más la situación es que la víctima permanece sin identificar. Las autoridades solicitan la colaboración de la comunidad para localizar a familiares o allegados que puedan aportar datos sobre el hombre fallecido. Alguien, en algún lugar, está esperando a una persona que no va a volver, sin saber todavía qué pasó.
El caso expone una vez más una falla que se repite con una frecuencia inaceptable: conductores de transporte público al volante bajo los efectos del alcohol. No es un error humano menor, es una conducta que pone en riesgo vidas ajenas en cada metro recorrido. Los controles existen, pero claramente no alcanzan o no se aplican con la rigurosidad necesaria.
Quienes tengan información sobre la identidad de la víctima pueden comunicarse con las autoridades policiales de Villaguay para colaborar con la identificación y permitir que su familia sea notificada.


