Un golpe duro en plena madrugada del domingo sacudió al Autódromo de Concepción del Uruguay: delincuentes ingresaron al predio y se llevaron un botín que las autoridades de la institución califican como millonario. El hecho encendió todas las alarmas en el mundo del automovilismo entrerriano.
Lo que más preocupa no es solo el valor de lo robado, sino las consecuencias que puede traer para el futuro del deporte. Desde la propia institución no dudaron en advertirlo con crudeza: el robo “pone seriamente en juego el desarrollo de la actividad”. Una frase que dice mucho sobre el estado de vulnerabilidad en que quedó el autódromo tras el asalto.
La Policía ya tomó intervención y avanza en la investigación para determinar cómo ingresaron los ladrones, qué fue exactamente lo que se llevaron y si hay alguna pista que permita dar con los responsables. Por ahora, el monto preciso de las pérdidas no fue confirmado oficialmente, pero desde adentro del autódromo hablan de cifras que hacen temblar cualquier presupuesto de una entidad deportiva.
El automovilismo en Entre Ríos vive de la pasión de sus protagonistas y del esfuerzo de instituciones que muchas veces funcionan con recursos ajustados. Un robo de esta magnitud no es solo un delito: es un golpe directo a quienes trabajan durante meses para organizar competencias, mantener infraestructura y sostener una actividad que mueve a miles de fanáticos en la provincia. La investigación policial es el primer paso; el segundo, y no menos urgente, es garantizar que el autódromo pueda seguir funcionando.


