Una factura. Una botella de vino. $57.000 que no tendrian que haber estado ahi. Y una pregunta que incomoda: ¿como pudo ingresar una compra de ese tipo al circuito de rendicion de un comedor escolar de Entre Rios?
El caso fue puesto sobre la mesa por la diputada provincial Maria Elena Romero, y no es una acusacion lanzada al viento: segun ella misma aclara, la compra figura en una factura presentada al Estado provincial, y la propia Direccion de Comedores dejo asentada una observacion reclamando explicaciones por esa adquisicion. No hay invencion, hay papel.
Romero es clara en algo importante: no apunta a los directivos ni a quienes sostuvieron los comedores durante anos con esfuerzo genuino. Senalarlo seria, dice, profundamente injusto. El blanco de su critica es otro: las fallas de control que permitieron que eso pasara. Que una botella de vino pudiera colarse en la rendicion de fondos destinados a alimentar pibes.
El episodio, por mas anecdotico que parezca, tiene un peso simbolico enorme. No es el monto lo que escandaliza, aunque $57.000 no son poca cosa para un comedor. Es la brecha que revela: si pudo entrar eso, ¿que mas pudo entrar? ¿Cuantas rendiciones pasaron sin que nadie notara el detalle?
Ahi es donde la diputada conecta el caso con el debate sobre el nuevo sistema de compras centralizadas para comedores escolares. El argumento es concreto: si el Estado define de antemano que productos se compran, a que precio y con que proveedor, se cierra la puerta a este tipo de situaciones. El control reactivo, el que descubre el problema cuando ya ocurrio, no alcanza. Hay que construir un sistema que lo prevenga.
La discusion sobre como alimentar mejor a los chicos entrerrianos no es nueva, pero este caso le pone cara y precio a algo que suele quedar en lo abstracto: la diferencia entre poner plata y saber adonde va esa plata. Romero lo dice sin rodeos: no alcanza con aumentar el presupuesto si no hay garantia de que cada peso llega a cada escuela en forma de comida.
El debate sobre la centralizacion de los comedores escolares en Entre Rios sigue abierto, con defensores y criticos del nuevo esquema. Pero la botella de vino en esa factura es, al menos, un argumento dificil de ignorar.


