Las cartas documento empezaron a llegar el lunes. Más de 200 trabajadores de la planta La China de Granja Tres Arroyos, en Concepción del Uruguay, reciben así el final de una crisis que viene arrastrándose desde febrero y que explotó definitivamente en los últimos días.
El secretario de Trabajo de Entre Ríos, Mariano Camoirano, salió a hablar con una mezcla de pena y bronca contenida. “La angustia que atraviesan los trabajadores es altísima”, dijo, y no fue una frase de protocolo: el funcionario viene siguiendo este conflicto de cerca, casi en cuerpo a cuerpo con los sindicatos, desde que la empresa dejó de pagar salarios en abril.
Según relató Camoirano, la ruptura mayor se dio cuando Granja Tres Arroyos incumplió un acuerdo de pago en cuotas que los propios trabajadores habían aceptado con generosidad. El esquema era pagar cada quincena en cinco cuotas. La empresa, en un momento, propuso estirar eso a diez cuotas y encima reestructurar un mes entero de salarios. “Los trabajadores planteaban que tenían alquileres, deudas, una vida”, recordó el secretario. Ahí se rompió todo.
Lo que empezó como un conflicto en Entre Ríos se fue extendiendo a otras provincias hasta convertirse en lo que Camoirano define sin vueltas como “una crisis de empresa, una crisis masiva”. No es un problema con los sindicatos locales, insistió, aunque la empresa en su momento intentó instalar esa lectura. “Siempre fue todo lo contrario”, afirmó el funcionario, que mantuvo “conversación diaria y fluida” con el Sindicato de la Carne y el Sindicato de Alimentación, este último con más de 900 representados en la planta.
El anticipo de los despidos llegó el sábado pasado, cuando Julio Chamorro, referente sindical, le avisó que un trabajador del correo había visto cartas documento en camino. “Era el anticipo de lo que estamos viendo ahora”, lamentó Camoirano. Desde el lunes, las desvinculaciones se hicieron efectivas.
El secretario también apuntó, con cuidado pero con claridad, a la intervención nacional. Señaló que el conflicto se venía manejando en la Secretaría de Trabajo de la Nación a través de preventivos de crisis, pero que las partes terminaron acercándose a la provincia. Y fue más lejos: en una reunión realizada hace aproximadamente dos meses en la Federación de Trabajadores de Alimentación, se planteó que los subsidios económicos sin contraprestación ni reformas estructurales no hicieron más que postergar el problema. “No ayudan los subsidios económicos sin contraprestación”, fue la conclusión que quedó sobre la mesa.
Ahora, con los despidos consumados y más de 200 familias en vilo en Concepción del Uruguay, la pregunta que queda flotando es qué sigue. Camoirano no tiene respuesta todavía. “Hay que ver cómo se sigue”, dijo. Una frase honesta, quizás, pero que no alcanza para amortiguar el golpe de quienes hoy tienen una carta documento en la mano y ninguna certeza sobre el futuro.


