Con la camiseta de la Selección como bandera y los números en rojo, la comunidad científica argentina sale a la calle este miércoles. La consigna es clara: ‘Me pongo la camiseta’, una apuesta simbólica que mezcla el fervor mundialista con la bronca acumulada de años de ajuste. La cita principal es a las 16 horas en el Obelisco de Buenos Aires, aunque la movilización se replica en todo el país.
Los datos que mueven a los investigadores son contundentes. Según un informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, desde que asumió Javier Milei la presidencia se perdieron 6.400 puestos de trabajo en el sector científico y tecnológico. El financiamiento acumula una caída del 51 por ciento desde fines de 2023, y la inversión proyectada para 2026 representa apenas el 0,14 por ciento del PBI, el nivel más bajo desde 1972. En términos concretos: se estima que se destruyeron 7 empleos por día en el área desde diciembre de 2023.
Agustín Ormazábal, biofísico del Conicet y referente de la resistencia al ajuste, lo pone en palabras directas: “Jamás desde que se registra el dato tuvimos un presupuesto menor en materia científico-tecnológica”. Ormazábal también señala que en la Agencia de Promoción Científica los sueldos llevan 28 meses congelados por debajo de la línea de pobreza, y denuncia lo que llama una “militarización de los organismos científicos” y un ataque discursivo que escaló hasta que el propio presidente calificó a los investigadores de “terroristas encubiertos”.
La movilización también tiene un detonante reciente y concreto: el Conicet anunció que no renovará las becas posdoctorales a 379 investigadores formados durante años en el país, recursos humanos altamente calificados que ahora enfrentan la disyuntiva de emigrar o resignarse. Ante eso, un grupo de legisladores presentó esta semana un proyecto de ley para prorrogar las becas vencidas el 31 de julio y garantizar cobertura de salud para los jóvenes científicos.
El cuadro se completa con otro fenómeno que preocupa a los especialistas: las tareas históricamente realizadas por organismos públicos como el INTI están siendo transferidas a empresas privadas mediante simples resoluciones administrativas. El organismo, con décadas de experiencia en certificaciones y controles metrológicos, pierde actividad mientras el mercado privado avanza sobre ese terreno. Sin convocatorias ni fondos desde el Conicet ni desde la Agencia de Promoción de la Investigación, los institutos que sobreviven lo hacen gracias a vínculos previos con laboratorios e instituciones extranjeras.
Referentes del Conicet, el INTA, el INTI, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Servicio Meteorológico Nacional estarán presentes en la marcha. La comunidad universitaria también se suma con un reclamo propio: que el gobierno cumpla con la Ley de Financiamiento Universitario, sancionada hace casi 300 días e incumplida hasta hoy. La jornada de este miércoles será una prueba de fuego para medir cuánto aguante le queda a un sector que, con los números en la mano, dice estar al límite.


