La Escuela N° 27 de Concordia volvió a abrir sus puertas a las familias con una jornada que mezcló afecto, memoria y reconocimiento. No fue una simple actividad escolar: fue una forma de decir que los abuelos siguen siendo parte de la casa y de la vida cotidiana.
La propuesta buscó recuperar un espacio de encuentro entre las generaciones y poner en valor el lugar que ocupan los abuelos dentro de las familias y en la vida cotidiana de los estudiantes. En un tiempo donde todo corre, la institución decidió volver a celebrar el Día de los Abuelos como una forma de frenar un poco la prisa.
La celebración no fue un evento aislado: la escuela ya había desarrollado la iniciativa en años anteriores y la reeditó para volver a abrir sus puertas a la comunidad. Eso habla de una decisión de fondo, no de un gesto puntual. Vos sabés que una escuela sin familias está incompleta.
El momento central tuvo nombre propio: Guillermo Pérez fue distinguido como "Abuelo de Oro". Era excombatiente de la Guerra de Malvinas y preside el Club de Leones Concordia. Su presencia le dio peso a la jornada, porque la memoria de la guerra también se cuenta con rostros.
El reconocimiento puso en valor su trayectoria y su vínculo con distintas instituciones de la ciudad. No fue un premio protocolar, sino una forma de decir que la historia también se construye con presencia. Y que quienes vivieron Malvinas no son solo nombres en un archivo.
Desde la Escuela N° 27 destacaron que este tipo de encuentros excede la celebración puntual y forma parte de una concepción de la educación que incorpora a las familias y a la comunidad como actores fundamentales. "Cuando la escuela y la familia se unen, se fortalece no solo el aprendizaje, sino también los lazos afectivos que sostienen a nuestros estudiantes", señalaron desde la institución.
La jornada contó además con la participación y colaboración de familias, docentes, estudiantes y comercios locales, cuyos aportes permitieron concretar el homenaje. Allá se vio que la escuela no es un edificio cerrado, sino un espacio que se sostiene con la gente. Sin ese empuje, muchas celebraciones se quedan en un papel.
La jornada volvió a mostrar que la educación también se construye con memoria, vínculos y comunidad. Fue una jornada que no buscó el estruendo, pero dejó una señal clara: la escuela se fortalece cuando abre la puerta.


