Dos años. Esa es la edad del nene que este martes terminó internado en terapia intensiva en el hospital pediátrico de Córdoba, después de que un dogo lo atacara en la tarde del mismo día. El primer diagnóstico es contundente y preocupante: traumatismo de cráneo severo.
El hecho ocurrió en la ciudad de Villa Caeiro, en el Valle de Punilla, provincia de Córdoba. No es un caso aislado ni un accidente sin contexto: apenas el domingo anterior, otro nene había muerto tras ser atacado por un perro de raza Pitbull en el sur de la capital cordobesa. En menos de una semana, dos criaturas. Dos familias destrozadas. Una misma pregunta sin respuesta clara: quién controla a estos animales y quién responde cuando pasa lo peor.
La secuencia de ataques vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la tenencia de razas consideradas peligrosas y la responsabilidad de sus dueños. No es un debate nuevo en Argentina, pero cada vez que un chico termina en una cama de hospital o en una morgue, la discusión se reactiva con la misma urgencia y, muchas veces, con la misma falta de respuestas concretas.
Al cierre de esta nota, el nene atacado en Villa Caeiro permanecía internado en terapia intensiva y su estado era reservado. La investigación sobre las circunstancias del ataque continuaba en curso.


