Un juez federal dio un paso decisivo en uno de los casos de abuso sexual infantil más perturbadores de los últimos años en Buenos Aires: el empresario Marcelo Porcel, de 51 años, quedó a un paso del juicio oral por el abuso sexual gravemente ultrajante de 10 alumnos del Colegio Palermo Chico, corrupción de menores y producción de imágenes explícitas de un menor de edad con fines sexuales.
El juez Carlos Bruniard, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 50, rechazó todos los planteos de nulidad e inconstitucionalidad presentados por la defensa del acusado y avaló el pedido de elevación a juicio formulado en junio por el fiscal Pablo Turano. En su resolución, Bruniard sostuvo que las pruebas fueron “colectadas y valoradas” y que habilitan el avance hacia la etapa de debate.
A Porcel se le atribuyen abusos sexuales gravemente ultrajantes agravados por haber sido cometidos contra menores de 13 años y aprovechando una situación de guarda. Los hechos habrían ocurrido de manera reiterada contra una decena de víctimas que eran compañeros de colegio de sus hijos, quienes tenían entre 13 y 14 años cuando se produjeron. La acusación suma además el delito de corrupción de menores y la producción de representaciones de partes genitales de un menor con fines sexuales, en al menos un caso.
La defensa, a cargo del abogado Roberto Rallín, había solicitado el sobreseimiento por considerar que no existían pruebas suficientes y, en subsidio, pedía que Porcel fuera juzgado por un jurado popular. Ahora, la resolución puede ser apelada ante la Cámara: si el tribunal de alzada confirma la decisión de Bruniard, solo restará sortear un tribunal y fijar fecha de debate.
Lo que más indigna a quienes siguen el caso es que Porcel nunca estuvo detenido. La causa penal se inició en 2024 y el empresario sigue sin ninguna medida restrictiva de la libertad. Mientras tanto, el abogado representante de las familias denunciantes, Pablo Hawlena Gianotti, fue el encargado de notificar a las diez víctimas sobre la decisión judicial.
Según relataron fuentes cercanas a las familias, los hechos llevaban tiempo pero salieron a la luz cuando los chicos fueron creciendo y empezaron a relatar conductas que en su momento no habían podido nombrar. “Los hechos venían ocurriendo desde hacía varios años, fuimos atando cabos”, contaron los padres. Porcel, que tiene cuatro hijos que asistían a la institución, participaba activamente de los partidos de fútbol del colegio, incluso de aquellos en los que no jugaban sus propios hijos. Con el tiempo, algunos adolescentes pidieron cambiarse de curso o se mostraron más retraídos: muchos de ellos terminaron siendo quienes denunciaron.
El empresario fue parte de Oh! Buenos Aires, un holding uruguayo que tuvo la concesión del shopping que funcionaba en el predio del ex Buenos Aires Design, en Recoleta. La causa avanza hacia un juicio que promete ser uno de los más resonantes en materia de abuso sexual infantil en el ámbito escolar privado porteño.


