Treinta y cuatro cabañas entrerrianas viajaron a Palermo y no fueron a hacer turismo: fueron a competir, y los resultados les dieron la razón. La Expo Rural 2026 volvió a ser el escenario donde la ganadería de Entre Ríos mostró que tiene nivel para pararse de igual a igual con cualquier provincia del país.
Mariano Berisso, referente del sector, destacó los premios cosechados por los productores entrerrianos y subrayó el crecimiento sostenido en materia de genética bovina. No es un dato menor: mejorar la genética es mejorar la eficiencia, la carne, la leche, el peso al gancho. Es, en definitiva, apostar al futuro del negocio ganadero con criterio técnico y no solo con tradición.
La demanda de reproductores también acompañó. Cuando los compradores buscan toros y vientres entrerrianos, es porque la reputación ya está construida. Eso no se logra de un año para el otro: es trabajo de cabañas que invirtieron en sanidad, en selección y en presentarse en los grandes eventos nacionales sin miedo al resultado.
Pero el cuadro no es solo de medallas y aplausos. Berisso fue claro al advertir sobre los desafíos que pesan sobre el sector: la carga impositiva que ahoga la rentabilidad, un estado de la infraestructura rural que en muchos tramos sigue siendo un freno real para la actividad, y la amenaza siempre latente de las crecientes en una provincia que convive con el río y sus caprichos. Tres problemas que no son nuevos, pero que siguen sin resolverse del todo.
La ganadería entrerriana tiene con qué competir. La pregunta que queda abierta es si el entorno productivo y fiscal va a acompañar ese potencial o va a seguir siendo el lastre que le impide despegar del todo.


