Sin bajar la guardia ni un centímetro, Javier Milei volvió a salir a defender su gestión en una extensa entrevista, con datos, cruces y alguna que otra señal política que no pasó desapercibida. El presidente habló de inflación, pobreza, fútbol, y dejó entrever que la relación con Mauricio Macri podría tener una segunda oportunidad.
En el arranque, Milei fue al hueso con los números fiscales. Sostuvo que el déficit consolidado entre el Tesoro y el Banco Central rondaba los 15 puntos del PBI cuando asumió, y que lo corrigió sin emitir, sin endeudarse y sin subir impuestos. “La motosierra se cumplió y la caída del gasto público fue del 30% en términos reales. No existe registro histórico de semejante encuadramiento fiscal”, afirmó. Palabras más, palabras menos: se adjudicó un hito sin antecedentes en la historia argentina.
Sobre la inflación, distinguió entre el índice minorista y el mayorista, y señaló que este último ya oscila en torno al 1,1% mensual, con meses en terreno negativo. “La tasa de inflación está en torno al treinta por ciento anual. Falta un montón, sí, pero la tendencia es clara”, reconoció, y atribuyó algunos saltos puntuales al conflicto en el estrecho de Ormuz. También defendió la actividad económica: el EMAE desestacionalizado acumula, según él, veintiséis meses consecutivos de crecimiento, con una expansión combinada cercana al 11% en los primeros dos años de gestión.
En materia de pobreza, Milei recordó que al inicio de su administración el índice se sinceró en el 57%, y que las últimas mediciones lo ubican en torno al 29%. “Son catorce millones de personas que salieron de la pobreza”, dijo, aunque admitió que “la foto sigue siendo horrible”. La indigencia, según sus datos, bajó del 20% al 6%, y la pobreza infantil del 70% al 42%. Números que, si se sostienen, son contundentes; si se cuestionan, dan para un debate largo.
Cuando le preguntaron por los locales cerrados en zonas urbanas y la microeconomía cotidiana, Milei no cedió: descartó intervenir en casos particulares y lo encuadró como un cambio estructural en los hábitos de consumo, con el comercio electrónico como factor explicativo. “Mira un pedacito y desde ahí generaliza todo. Lo que te esté pasando a vos no es generalizable a todos los argentinos”, disparó.
El tramo más picante llegó con el gobernador riojano Ricardo Quintela, quien amenazó con que el peronismo expropiaría “todo lo que sea necesario” si vuelve al poder. Milei no dejó pasar la declaración y respondió con dureza, encuadrándola como una señal de lo que, a su entender, representa el regreso del kirchnerismo al gobierno.
En el capítulo futbolero, el presidente elogió a Lionel Scaloni como modelo de liderazgo y fue escueto con Claudio “Chiqui” Tapia: dijo que no tiene contacto con él, que hay aspectos del manejo de la AFA que no le gustaron y que el dirigente tiene causas judiciales abiertas en el país y en el exterior. “Todo el mundo sabe que yo no molesto a la justicia de ninguna manera”, aclaró, descartando cualquier injerencia. También lamentó que los jugadores campeones del mundo no hayan festejado en la Casa Rosada, a pesar de que el Gobierno puso el espacio a disposición: “La miserabilidad de la política dejó sin festejo a un grupo extraordinario”, dijo.
La señal política más resonante, sin embargo, fue la apertura hacia Mauricio Macri. Sin cerrar ninguna puerta, Milei dejó entrever que el diálogo con el expresidente podría retomarse, en un contexto donde la relación entre ambos referentes del espacio no libertario atravesó meses de tensión. Una insinuación que, en la política argentina, vale más que un comunicado.


