El número habla solo: 81%. Esa es la probabilidad que la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) le asigna al fenómeno El Niño para alcanzar una intensidad catalogada como “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026. No es una proyección menor ni un escenario de baja probabilidad: es casi una certeza estadística, y en Argentina ya prenden las alarmas.
El fenómeno, que altera los patrones climáticos globales al calentar las aguas del Pacífico ecuatorial, tiene consecuencias directas y conocidas sobre el territorio argentino. Cuando llega con fuerza, el resultado suele ser el mismo: lluvias extremas, inundaciones y crecidas de ríos que desbordan todo lo que encuentran a su paso. La región del litoral, donde el suelo ya tiene memoria de catástrofes hídricas, es históricamente una de las más expuestas.
Para el noreste entrerriano, la advertencia no es abstracta. Las cuencas del río Uruguay y los afluentes de la zona responden con rapidez y contundencia a los episodios de lluvias sostenidas. Las localidades ribereñas de la provincia tienen experiencia de sobra en lo que significa una crecida fuera de escala: evacuaciones, pérdida de bienes, corte de rutas y semanas de incertidumbre.
Lo que preocupa esta vez es la magnitud potencial del evento. Si la proyección de la NOAA se confirma, El Niño 2026 podría ubicarse entre los más intensos registrados en la historia, comparable a los episodios de 1997-1998 y 2015-2016, que dejaron marcas profundas en vastas regiones de Sudamérica.
La ventana crítica se abre en la primavera y se extiende durante el verano, justamente el período en que las lluvias en la cuenca del Plata tienden a ser más copiosas de por sí. La combinación de estacionalidad y El Niño activo es la que genera los escenarios de mayor riesgo hídrico. Las autoridades provinciales y municipales tendrán por delante los próximos meses para revisar planes de contingencia, reforzar sistemas de alerta temprana y coordinar con los organismos nacionales de gestión del riesgo. El tiempo para prepararse existe; la pregunta es si se va a usar bien.


