Hay aniversarios que son solo una fecha en el almanaque. Y hay otros que pesan, que tienen historia adentro, que se sienten en el cuerpo. El de Cotapa es de los segundos.
La cooperativa paranaense llegó a sus 62 años con una frase que lo dice todo: “Celebrar como dueños de nuestra fábrica es una emoción difícil de explicar”. No es marketing ni slogan de campaña. Es la voz de trabajadores que, en algún momento de su historia, decidieron que la fábrica no iba a cerrar y que iban a ser ellos quienes la sostuvieran.
El presente de Cotapa acompaña esa emoción con datos concretos. La cooperativa atraviesa una etapa de producción plena, con inversiones orientadas a fortalecer la capacidad productiva y un crecimiento comercial sostenido. No es un aniversario de nostalgia: es uno de proyección.
Los nuevos proyectos y desafíos que la organización viene impulsando muestran que los 62 años no son un techo sino un piso. En un contexto económico que no le regala nada a nadie, sostener una cooperativa fabril con crecimiento real es, en sí mismo, una declaración de principios.
El modelo cooperativo tiene sus complejidades, sus tensiones internas, sus momentos difíciles. Pero cuando funciona, cuando los propios trabajadores son quienes toman las decisiones sobre su producción y su futuro, genera exactamente eso que describieron en Paraná: una emoción que no alcanza a explicarse del todo con palabras. Cotapa sigue en pie, sigue produciendo y sigue siendo, a los 62, una referencia del cooperativismo industrial entrerriano.


